playa.
sin ruta, sin locura de ciudades, será esto "vacaciones al fin"?
voy a extrañar la ruta.
rescato las casi tres semanas de blanqueo.
tengo una muy buena vibra con 2010.
lunes, 21 de diciembre de 2009
sábado, 19 de diciembre de 2009
i fell asleep on the late night train
what i was isn't what i am--
still i'll try, try again, try again....... baby i die every night, every time...
but i was made the way i am.... i'm not a stone... i'm just a man.. lay down your arms and i----- wil lay down mine..... rip back the time that we've been wasting!
still i'll try, try again, try again....... baby i die every night, every time...
but i was made the way i am.... i'm not a stone... i'm just a man.. lay down your arms and i----- wil lay down mine..... rip back the time that we've been wasting!
lunes, 30 de noviembre de 2009
domingo, 29 de noviembre de 2009
el 51
lo normal es festejar con numeros redondos, pero el último post que hice fue el número 50 y jamás me enteré.
No puedo dejar de sentir que un poco abandoné este blog, pero llegamos al punto en el que sólo publico cuando tengo algo para decir (aunque sea una estupidez).
Hoy hablabamos con mi amiga La Mulatona y nuevamente volvió a tener fuerza la idea de hacer un programa de radio. Yo siempre intenté enganchar a mis amigos en este proyecto sin mucho éxito, pero lo bueno es que ahora somos dos los que realmente queremos hacerlo. Mandé (si, a las 3am) mails a dos radios para averiguar si venden espacios.
Mi punto es que todas las cosas que se presentan en mi vida con regularidad en general son un bajón (laburo por ejemplo). Quiero tener algo que me genere satisfacción en forma regular. Algo que me divierta, por momentos seguramente será una obligación, pero que en el fondo disfrute hacer.
Pensamos llamar al programa como un instrumento genial setentoso que descubrí hace unos días.
La idea es editorializar, tener una excusa para comentar un libro, una película, reflexionar sobre trivialidades y cuestiones de fondo. Es decir parecido a este blog, pero desde ya sin el grado de intimidad que en teoría lo protagoniza... ergo parecido en forma, no en esencia.
Me divierte también pensar en elegir la música.
Mi elenco ideal estaría conformado por La Mulatona (obviamente), Chloe, Alan, quizás El Pollo (no sé si le interesará y en ese caso le tendríamos que dar clases de dicción!)
Veremos que pasa. No sé si es muy probable, pero al menos me entusiasma la idea.
No puedo dejar de sentir que un poco abandoné este blog, pero llegamos al punto en el que sólo publico cuando tengo algo para decir (aunque sea una estupidez).
Hoy hablabamos con mi amiga La Mulatona y nuevamente volvió a tener fuerza la idea de hacer un programa de radio. Yo siempre intenté enganchar a mis amigos en este proyecto sin mucho éxito, pero lo bueno es que ahora somos dos los que realmente queremos hacerlo. Mandé (si, a las 3am) mails a dos radios para averiguar si venden espacios.
Mi punto es que todas las cosas que se presentan en mi vida con regularidad en general son un bajón (laburo por ejemplo). Quiero tener algo que me genere satisfacción en forma regular. Algo que me divierta, por momentos seguramente será una obligación, pero que en el fondo disfrute hacer.
Pensamos llamar al programa como un instrumento genial setentoso que descubrí hace unos días.
La idea es editorializar, tener una excusa para comentar un libro, una película, reflexionar sobre trivialidades y cuestiones de fondo. Es decir parecido a este blog, pero desde ya sin el grado de intimidad que en teoría lo protagoniza... ergo parecido en forma, no en esencia.
Me divierte también pensar en elegir la música.
Mi elenco ideal estaría conformado por La Mulatona (obviamente), Chloe, Alan, quizás El Pollo (no sé si le interesará y en ese caso le tendríamos que dar clases de dicción!)
Veremos que pasa. No sé si es muy probable, pero al menos me entusiasma la idea.
domingo, 22 de noviembre de 2009
continencia e incontinencia
hace mucho que no escribo.
Debe ser porque volvi a sentirme mal, en realidad creo que debo haber sentido que ya no era hora de vomitar, ni de compartir, sino de mirar hacia adentro... porque esto al fin y al cabo es una vidriera, un acto de voyeurismo. Chloe me preguntó por "mi blog secreto"-- y en justa razón disparó que lo privado contradice al concepto de blog. Tiene razón. Es que debe ser que es tal mi voluntad de encontrar nuevos horizontes... esto es como tirar descuidadamente un manojo de semillas sobre la tierra y preguntarse si por alguna inexplicable razón crecerá algo.
Últimamente desapareció el entusiasmo. Me aburre mi trabajo, la falta de liderazgo me está afectando porque siento que en una semana me bastó con prender la computadora 2 veces y no decepcioné a nadie. No creo que esté deprimido, simplemente es el tedio y aburrimiento propios de fin de año (que año...) y la falta de proyectos de envergadura, el aplacamiento de la ambición (sin duda estresa, pero que gran motor para despertarse por las mañanas!). Una suma de cosas. De muchas cosas.
Este fue un año para el olvido, en algún flash de optimismo puedo creer que puede actuar de bisagra. Pero tampoco quiero sobredimensionarlo. El concierto usual de mi vida (tranquilidad, amistades, afecto y fracasos afectivos) se mantuvo, sólo que intervinieron nuevos instrumentos. Tengo la sensación de que hay cosas evolucionando, pero otra gran cantidad de cosas se está consumiendo, la tierra las está descomponiendo, se están poniendo rancias.
Y claro, la paciencia cada vez más efímera... se siente tan bien ejercerla, pero requiere un cúmulo de voluntad enorme.
Si bien los eventos de los últimos meses justifican mi visión negativa, debo admitir que la vida en este año se reinventó y tomó el derecho de sorprenderme, en un punto me dotó de perspectiva-- somos eternamente ignorantes. Todo puede pasar. Es un axioma. Lo interesante es que uno realmente no dimensiona lo que implica "todo". Aún pudiendo observar las infinitas caras del "todo", si uno es capaz de ver una significativa cantidad, ante las más horrendas, la falta de dimensión corresponderá al "puede pasar".
No tengo ganas en esta oportunidad de contar anécdotas, ni situaciones particulares que se corresponderían con el registro de mis publicaciones anteriores (las hay). Si uno las ve de lejos es más de lo mismo. Tal vez la esencia de la vida esté entonces en no mirar las cosas de lejos, en acercarse, sentirlas... que el árbol tape al bosque. Nuevamente el tema es de perspectiva y me voy a contradecir-- qué es más humano? vivir en una microrealidad, entendiendo (aún con evidente miopía) lo que sucede alrededor, u observar en forma omnisciente la infinidad de situaciones e interrelaciones? Observar el bosque es sin duda más elevado, pero puede presentar una escena relativamente inmutable y perpetua. Y enfrentémoslo, los hombres no tenemos la envergadura para intervenir a ese nivel. El árbol podrá ser una versión parcial, incompleta--hasta animal--de la realidad, pero está a nuestro nivel. Podrán pasar cientos de cosas a ese nivel, y son las que en definitiva marcarán nuestra "estúpida pequeña vida"... cosas que con mayor perspectiva serán insignificantes y en definitiva nos enfrentarán a la nada.
Pff, eso fue difícil. Es que lo que pienso es complejo, y claramente no cuento con los recursos literarios necesarios.
Mirar al océano desde un cabo remoto, esa es la imagen, observar, un mar de posibilidades, infinitas, porque es todo, la enormidad. Las sorpresas, las emociones, las sensaciones por venir.
Debe ser porque volvi a sentirme mal, en realidad creo que debo haber sentido que ya no era hora de vomitar, ni de compartir, sino de mirar hacia adentro... porque esto al fin y al cabo es una vidriera, un acto de voyeurismo. Chloe me preguntó por "mi blog secreto"-- y en justa razón disparó que lo privado contradice al concepto de blog. Tiene razón. Es que debe ser que es tal mi voluntad de encontrar nuevos horizontes... esto es como tirar descuidadamente un manojo de semillas sobre la tierra y preguntarse si por alguna inexplicable razón crecerá algo.
Últimamente desapareció el entusiasmo. Me aburre mi trabajo, la falta de liderazgo me está afectando porque siento que en una semana me bastó con prender la computadora 2 veces y no decepcioné a nadie. No creo que esté deprimido, simplemente es el tedio y aburrimiento propios de fin de año (que año...) y la falta de proyectos de envergadura, el aplacamiento de la ambición (sin duda estresa, pero que gran motor para despertarse por las mañanas!). Una suma de cosas. De muchas cosas.
Este fue un año para el olvido, en algún flash de optimismo puedo creer que puede actuar de bisagra. Pero tampoco quiero sobredimensionarlo. El concierto usual de mi vida (tranquilidad, amistades, afecto y fracasos afectivos) se mantuvo, sólo que intervinieron nuevos instrumentos. Tengo la sensación de que hay cosas evolucionando, pero otra gran cantidad de cosas se está consumiendo, la tierra las está descomponiendo, se están poniendo rancias.
Y claro, la paciencia cada vez más efímera... se siente tan bien ejercerla, pero requiere un cúmulo de voluntad enorme.
Si bien los eventos de los últimos meses justifican mi visión negativa, debo admitir que la vida en este año se reinventó y tomó el derecho de sorprenderme, en un punto me dotó de perspectiva-- somos eternamente ignorantes. Todo puede pasar. Es un axioma. Lo interesante es que uno realmente no dimensiona lo que implica "todo". Aún pudiendo observar las infinitas caras del "todo", si uno es capaz de ver una significativa cantidad, ante las más horrendas, la falta de dimensión corresponderá al "puede pasar".
No tengo ganas en esta oportunidad de contar anécdotas, ni situaciones particulares que se corresponderían con el registro de mis publicaciones anteriores (las hay). Si uno las ve de lejos es más de lo mismo. Tal vez la esencia de la vida esté entonces en no mirar las cosas de lejos, en acercarse, sentirlas... que el árbol tape al bosque. Nuevamente el tema es de perspectiva y me voy a contradecir-- qué es más humano? vivir en una microrealidad, entendiendo (aún con evidente miopía) lo que sucede alrededor, u observar en forma omnisciente la infinidad de situaciones e interrelaciones? Observar el bosque es sin duda más elevado, pero puede presentar una escena relativamente inmutable y perpetua. Y enfrentémoslo, los hombres no tenemos la envergadura para intervenir a ese nivel. El árbol podrá ser una versión parcial, incompleta--hasta animal--de la realidad, pero está a nuestro nivel. Podrán pasar cientos de cosas a ese nivel, y son las que en definitiva marcarán nuestra "estúpida pequeña vida"... cosas que con mayor perspectiva serán insignificantes y en definitiva nos enfrentarán a la nada.
Pff, eso fue difícil. Es que lo que pienso es complejo, y claramente no cuento con los recursos literarios necesarios.
Mirar al océano desde un cabo remoto, esa es la imagen, observar, un mar de posibilidades, infinitas, porque es todo, la enormidad. Las sorpresas, las emociones, las sensaciones por venir.
martes, 3 de noviembre de 2009
bizarro
es cuando te enterás que una amiga fue abusada y es bulímica.
Mucho más si esa amiga es la Estresha.
Me apuró preguntandome que somos. Le dije amigos. Me dijo que yo era increíble.
Pregunté si alguna vez ella habia sentido algo por mi. Me dijo que muchas veces.
Amagó con quedarse en casa. Amagó: "no te ilusiones".
Ya no más. No te toco- pero si te quedás en mi casa te quedás conmigo.
Se fue. Me pidió un abrazo y se lo di.
Se olvidó el piloto, se lo bajé.
No tenía plata, se la bajé y la acompañé a la esquina. Agregué que fuimos siempre lo que ella quiso que fueramos.
Me acusó de no jugarme. Confirmé que ya no era el mismo.
Llegó el taxi. Se fue.
Mucho más si esa amiga es la Estresha.
Me apuró preguntandome que somos. Le dije amigos. Me dijo que yo era increíble.
Pregunté si alguna vez ella habia sentido algo por mi. Me dijo que muchas veces.
Amagó con quedarse en casa. Amagó: "no te ilusiones".
Ya no más. No te toco- pero si te quedás en mi casa te quedás conmigo.
Se fue. Me pidió un abrazo y se lo di.
Se olvidó el piloto, se lo bajé.
No tenía plata, se la bajé y la acompañé a la esquina. Agregué que fuimos siempre lo que ella quiso que fueramos.
Me acusó de no jugarme. Confirmé que ya no era el mismo.
Llegó el taxi. Se fue.
martes, 27 de octubre de 2009
montaña rusa emocional
"me encanta la Prima" reza un post anterior, hoy diria que me gusta más Paula. Pegue unos tiritos a Lois Lane, pero los eludió con enorme habilidad. Reapareció Valeria (no en mi vida sino por un evento con Chloe). Tinuz no me habla.
Hace unos días me junté con Liza. Muy loco, muy visual. Por momentos sentía que no era ella, es increible el poder de la mente (lo que la idealice en este tiempo). Su cara se transformaba, era ella, pero no era ella. Su voz. Todo.
Y nada, en el medio soledad q se siente un poco más en este preciso momento que lo normal.
Hace unos días me junté con Liza. Muy loco, muy visual. Por momentos sentía que no era ella, es increible el poder de la mente (lo que la idealice en este tiempo). Su cara se transformaba, era ella, pero no era ella. Su voz. Todo.
Y nada, en el medio soledad q se siente un poco más en este preciso momento que lo normal.
martes, 20 de octubre de 2009
lunes, 12 de octubre de 2009
corto
y al pie. Hoy vi a La Estresha. Veníamos bien. Sobre el final una de sus mejores muestras de ciclotimia. Coincidimos en un cumpleaños. Más temprano me llamó por teléfono, obviamente, como si nada. Locura: me encantaría que esté bien. Podrá en algún momento estar bien por un período de tiempo razonable? Cuando se encula no lo hace de forma tradicional, se torna indescifrable, irritante.
A la tarde vi a Chloe. Me preguntó si, de casarnos, aprobaría entrar a la fiesta con una canción de Chayanne.
Charlotte no llamó ni mandó mensajes por gtalk, no estoy acostumbrado pero también me produce alivio. No quiero que fantasee conmigo. Es malo para ella y me echa en cara que no puedo producir relaciones reales, por lo que en el pasado sólo generé émulos y hoy puedo ser funcional a la disfuncionalidad de otros.
También estuve con La Prima. Que buena que está! Y las amigas me quieren. Igual, cero. Por queeeeeeeeeeeeeeeeeee!
Estoy ignorando a Paula, últimamente sus mensajes de Facebook me dan pena, son claros exponentes de histeria---dirigidos a la nada! (ya no le contesta ni comenta nadie)
Valeria vuelve a fin de año de vacaciones, Corruptus incluído (me toco el huevo izquierdo). Hoy hablé con sus amigos. Me intriga la situación.
Las mujeres de mi vida me tienen a mal traer.
A la tarde vi a Chloe. Me preguntó si, de casarnos, aprobaría entrar a la fiesta con una canción de Chayanne.
Charlotte no llamó ni mandó mensajes por gtalk, no estoy acostumbrado pero también me produce alivio. No quiero que fantasee conmigo. Es malo para ella y me echa en cara que no puedo producir relaciones reales, por lo que en el pasado sólo generé émulos y hoy puedo ser funcional a la disfuncionalidad de otros.
También estuve con La Prima. Que buena que está! Y las amigas me quieren. Igual, cero. Por queeeeeeeeeeeeeeeeeee!
Estoy ignorando a Paula, últimamente sus mensajes de Facebook me dan pena, son claros exponentes de histeria---dirigidos a la nada! (ya no le contesta ni comenta nadie)
Valeria vuelve a fin de año de vacaciones, Corruptus incluído (me toco el huevo izquierdo). Hoy hablé con sus amigos. Me intriga la situación.
Las mujeres de mi vida me tienen a mal traer.
sábado, 10 de octubre de 2009
desenlace?
Me hubiese gustado decirle que había cambiado, que ya no era el mismo nene inmaduro, que había renunciado a muchas ilusiones que me impedían crecer. Lo más triste es que no era cierto. Me arrepentí de todo, pero más que nada de besarla. No había esperanzas para transformar nuestra realidad en una historia feliz.
Por un instante se desmoronó y ahí estuve-- no llegó a moverse un centímetro. Es que yo aún la amo. Tal vez amo la historia que hubiesemos construido en otras circunstancias.
Ich liebe dich. Lo repetí una y otra vez, mil veces.
Una mañana Hans lloraba con más fuerza que nunca. Corrimos al hospital, el mismo que me atestiguó indefenso. Mi alemán no era lo suficientemente bueno para entender, pero la mirada de Inez quedó desconsolada luego del veredicto. Hans se quedaría en el hospital casi dos semanas. En las mismas condiciones estaba mi padre, la diferencia es que a él sí lo vi mientras estaba internado. Es que esa misma tarde volví a una lluviosa y húmeda Buenos Aires. Mi madre aprovechó toda instancia posible para expresar su desilusión conmigo y mi vida. No llegó a culparme de la enfermedad de papá, pero estuvo muy cerca.
Papá murió al día siguiente. Mi mamá quedó sola, con las piernas desencajadas, y en una silla del hospital me ofreció su mejor mirada de indefensión. No podía quedarme, este era el turno de mi vida. Tampoco la abandoné: durante las dos semanas siguientes la ayudé como pude. Nuestra relación evolucionó 10 años en esos días, y la prueba es que por primera vez no me obligó a llevar abrigo para el vuelo de vuelta. Sin duda la relación con mi madre es una historia sin desenlace, pienso que ocupará líneas de un relato futuro. En el avión pensé en ella y sufrí por su desamparo, pero pensé que sería lo suficientemente fuerte para reconstruir su vida. Todos lo somos.
Al volver, el departamento estaba vacío. Mejor dicho, semivacío: mis cosas estaban, pero las de Inez y Hans no. Pensé lo peor, fui al hospital y pregunté por ellos. Se habían ido, pero no estaba claro cuando. Se habían ido. De mi casa y del hospital.
Ella sabía perfectamente que no me costaría ubicarlos (tenemos demasiados amigos en común) pero lo hizo como un sacrificio y un símbolo. La relación de ahí en más fue tan civilizada que me llenó de tristeza. Las visitas se fueron espaciando cada vez más. Yo no había abandonado a mi familia, sino que había ocurrido lo inverso.
Pero ahí estábamos, como dos chicos, abrazados, cualquiera hubiese pensado en amor... era en realidad angustia, desencanto, amor tal vez, miedo. Le dije que no estaba dispuesto a perder lo único que tenía en la vida. Hans viviría conmigo, con o sin ella. Yo ya tenía un trabajo respetable y la firme determinación de ingresar en la vida adulta. Le propuse incluso que nos mudemos al mismo edificio. Ella no habló.
Todo resultó mucho más fácil de lo previsto. Inez había recibido una propuesta laboral en Suiza, 'la última gran chance de su carrera', y mi propuesta-imposición fue iluminada con la gracia de la oportunidad.
Epílogo
Hans y yo somos felices. Inez también. Inez y yo nos mantenemos en contacto por teléfono y medios electrónicos (casi como en el comienzo). Quiere volver a la ciudad, confieso que me asusta.
Hace unos días el trabajo me reencontró con Goodbye Lenin. Inez y yo habíamos ido al estreno, y por algún misterioso motivo alguien quiso hacer el doblaje en versión latinoamericana. En la garganta de Alex, no pude evitar tentarme ante la cita "Todo esto tiene que desaparecer. Las cortinas viejas, están en el sótano?". El equipo quedó sorprendido, pero luego nos reímos todos. Tiempo de hacer un break.
Por un instante se desmoronó y ahí estuve-- no llegó a moverse un centímetro. Es que yo aún la amo. Tal vez amo la historia que hubiesemos construido en otras circunstancias.
Ich liebe dich. Lo repetí una y otra vez, mil veces.
Una mañana Hans lloraba con más fuerza que nunca. Corrimos al hospital, el mismo que me atestiguó indefenso. Mi alemán no era lo suficientemente bueno para entender, pero la mirada de Inez quedó desconsolada luego del veredicto. Hans se quedaría en el hospital casi dos semanas. En las mismas condiciones estaba mi padre, la diferencia es que a él sí lo vi mientras estaba internado. Es que esa misma tarde volví a una lluviosa y húmeda Buenos Aires. Mi madre aprovechó toda instancia posible para expresar su desilusión conmigo y mi vida. No llegó a culparme de la enfermedad de papá, pero estuvo muy cerca.
Papá murió al día siguiente. Mi mamá quedó sola, con las piernas desencajadas, y en una silla del hospital me ofreció su mejor mirada de indefensión. No podía quedarme, este era el turno de mi vida. Tampoco la abandoné: durante las dos semanas siguientes la ayudé como pude. Nuestra relación evolucionó 10 años en esos días, y la prueba es que por primera vez no me obligó a llevar abrigo para el vuelo de vuelta. Sin duda la relación con mi madre es una historia sin desenlace, pienso que ocupará líneas de un relato futuro. En el avión pensé en ella y sufrí por su desamparo, pero pensé que sería lo suficientemente fuerte para reconstruir su vida. Todos lo somos.
Al volver, el departamento estaba vacío. Mejor dicho, semivacío: mis cosas estaban, pero las de Inez y Hans no. Pensé lo peor, fui al hospital y pregunté por ellos. Se habían ido, pero no estaba claro cuando. Se habían ido. De mi casa y del hospital.
Ella sabía perfectamente que no me costaría ubicarlos (tenemos demasiados amigos en común) pero lo hizo como un sacrificio y un símbolo. La relación de ahí en más fue tan civilizada que me llenó de tristeza. Las visitas se fueron espaciando cada vez más. Yo no había abandonado a mi familia, sino que había ocurrido lo inverso.
Pero ahí estábamos, como dos chicos, abrazados, cualquiera hubiese pensado en amor... era en realidad angustia, desencanto, amor tal vez, miedo. Le dije que no estaba dispuesto a perder lo único que tenía en la vida. Hans viviría conmigo, con o sin ella. Yo ya tenía un trabajo respetable y la firme determinación de ingresar en la vida adulta. Le propuse incluso que nos mudemos al mismo edificio. Ella no habló.
Todo resultó mucho más fácil de lo previsto. Inez había recibido una propuesta laboral en Suiza, 'la última gran chance de su carrera', y mi propuesta-imposición fue iluminada con la gracia de la oportunidad.
Epílogo
Hans y yo somos felices. Inez también. Inez y yo nos mantenemos en contacto por teléfono y medios electrónicos (casi como en el comienzo). Quiere volver a la ciudad, confieso que me asusta.
Hace unos días el trabajo me reencontró con Goodbye Lenin. Inez y yo habíamos ido al estreno, y por algún misterioso motivo alguien quiso hacer el doblaje en versión latinoamericana. En la garganta de Alex, no pude evitar tentarme ante la cita "Todo esto tiene que desaparecer. Las cortinas viejas, están en el sótano?". El equipo quedó sorprendido, pero luego nos reímos todos. Tiempo de hacer un break.
miércoles, 7 de octubre de 2009
algo me dice
que tengo que buscar en mi circulo existente (ya de por sí es grande) y no me tengo que dar por vencido--si no me vuelve loco difícilmente le invierta el esfuerzo necesario. La reaparición de Liza luego del post de ayer tiene que ser una señal.
martes, 6 de octubre de 2009
Liza
convencido de que este blog es para mí una forma extraña de psicoanálisis, no puedo dejar de postear sobre el amor de mi infancia, recién me acordé de ella.... hay una asociación que explica por qué la bautizo Liza, pero es tarde y no debería estar despierto a esta hora, me conformo con poner su foto.
Cuando eramos chicos era linda, creció cada vez más linda, al igual que su carácter y personalidad... qué buenos recuerdos de una muy buena época!
Cuando eramos chicos era linda, creció cada vez más linda, al igual que su carácter y personalidad... qué buenos recuerdos de una muy buena época!
La Estresha
hoy iba a contar la historia de otra de las mujeres de mi vida, pero de solo pensar siento tedio. Si el post se publica es porque lo pude poner en corto. Sino, no.
Nos conocimos en la facultad, en realidad yo estaba aún obsesionado con Ella, pero ella me gustaba bastante. No sé por qué. No es muy linda, es bajita, muuuuuuuy ciclotímica... pasamos muchas cosas juntos, ella en el medio se puso de novia con uno de los de nuestro grupo (repito yo estaba a full con Ella). Mientras se iban quedando casi todos nuestros amigos en las materias quedamos casi solos, y preparamos muchos exámenes juntos. En cuarto año se peleó con su novio y yo ya estaba haciendo la otra carrera, se la presenté a esos amigos y empezamos a salir a lo loco. Se enganchó con uno de ellos (a esa altura eso me resultó parcialmente frustrante) pero no funcionó. Ya recibidos coincidimos en un casamiento y ahí sí me decidí a bajarle la caña. Pero esa noche pasaron dos cosas, estuvo con un amigo mío y (como si eso fuera poco) me dijo que pensaba que yo era gay.
No voy a entrar en detalles de cómo, pero así fue.
Años más tarde yo superé el trauma y le dije que en esa noche yo estaba dispuesto a confesarle que quería algo más con ella y que lo que ella me dijo (aún siendo en un contexto totalmente diferente) me cayó como un piano en la cabeza. Ella me pidió disculpas y me dijo que en realidad lo dijo porque era ella quién estaba teniendo dudas sobre su sexualidad.
No sé si puedo transmitir en estas líneas la intensidad de todo esto. Para mí fue MUY fuerte.
Ahora la veo muy poco. Ella está de novia (con ese con el que estuvo en el casamiento, con quién se reencontró años después). Forma parte del grupo de la facultad con el que periódicamente me junto. Pero es así como una Estresha, no responde nunca los mensajes, responde los mails cuando quiere, cuando quiere viene y cuando no, no da explicaciones. Si viene, en general se pone en protagonista ya sea por hiperexpresiva o por inusualmente retraída. Es muy pasional, demasiado--y eso estaba bien cuando teníamos 18, pero ahora?
Yo le conté de mi enfermedad y no se hizo ni en una oportunidad 5 minutos para que nos juntemos, ni hablar de venir a nuestras reuniones. En fin.
Es difícil enojarse con ella, porque realmente está muy conflictuada y todos sabemos que ella es así: cuando está mal, desaparece. O sea que en realidad ella está ausente pero porque está mal. Si ella está mal, yo siento que no tengo derecho a enojarme. Pero pasan los años y es más de lo mismo. Y 'lo mismo' no es lo mismo que 'más de lo mismo'.
Me cansé.
Nos conocimos en la facultad, en realidad yo estaba aún obsesionado con Ella, pero ella me gustaba bastante. No sé por qué. No es muy linda, es bajita, muuuuuuuy ciclotímica... pasamos muchas cosas juntos, ella en el medio se puso de novia con uno de los de nuestro grupo (repito yo estaba a full con Ella). Mientras se iban quedando casi todos nuestros amigos en las materias quedamos casi solos, y preparamos muchos exámenes juntos. En cuarto año se peleó con su novio y yo ya estaba haciendo la otra carrera, se la presenté a esos amigos y empezamos a salir a lo loco. Se enganchó con uno de ellos (a esa altura eso me resultó parcialmente frustrante) pero no funcionó. Ya recibidos coincidimos en un casamiento y ahí sí me decidí a bajarle la caña. Pero esa noche pasaron dos cosas, estuvo con un amigo mío y (como si eso fuera poco) me dijo que pensaba que yo era gay.
No voy a entrar en detalles de cómo, pero así fue.
Años más tarde yo superé el trauma y le dije que en esa noche yo estaba dispuesto a confesarle que quería algo más con ella y que lo que ella me dijo (aún siendo en un contexto totalmente diferente) me cayó como un piano en la cabeza. Ella me pidió disculpas y me dijo que en realidad lo dijo porque era ella quién estaba teniendo dudas sobre su sexualidad.
No sé si puedo transmitir en estas líneas la intensidad de todo esto. Para mí fue MUY fuerte.
Ahora la veo muy poco. Ella está de novia (con ese con el que estuvo en el casamiento, con quién se reencontró años después). Forma parte del grupo de la facultad con el que periódicamente me junto. Pero es así como una Estresha, no responde nunca los mensajes, responde los mails cuando quiere, cuando quiere viene y cuando no, no da explicaciones. Si viene, en general se pone en protagonista ya sea por hiperexpresiva o por inusualmente retraída. Es muy pasional, demasiado--y eso estaba bien cuando teníamos 18, pero ahora?
Yo le conté de mi enfermedad y no se hizo ni en una oportunidad 5 minutos para que nos juntemos, ni hablar de venir a nuestras reuniones. En fin.
Es difícil enojarse con ella, porque realmente está muy conflictuada y todos sabemos que ella es así: cuando está mal, desaparece. O sea que en realidad ella está ausente pero porque está mal. Si ella está mal, yo siento que no tengo derecho a enojarme. Pero pasan los años y es más de lo mismo. Y 'lo mismo' no es lo mismo que 'más de lo mismo'.
Me cansé.
lunes, 5 de octubre de 2009
yo sabía
por eso me vuelve loco esta mujer! porque también está hecha mierda!!!
Celeste Cid, internada por problemas de drogas
Por Chichi Mento
Especial para lanacion.com
Especial para lanacion.com
La actriz Celeste Cid está internada en el instituto Fleni, en la sede del barrio de Belgrano, desde el jueves pasado por una supuesta sobredosis.
La noticia se supo hoy y ésta no sería la primera vez que la actriz de Resistiré tiene un episodio parecido. Una de las personas que más la estaría acompañando en este difícil momento sería Fito Paéz.
La noticia se supo hoy y ésta no sería la primera vez que la actriz de Resistiré tiene un episodio parecido. Una de las personas que más la estaría acompañando en este difícil momento sería Fito Paéz.
domingo, 4 de octubre de 2009
me encanta la Prima!
pero ella está como loca con el casado.
Voy a hacer un intento con el relato I.
No sabía que ella sabía. Pero claramente sabía. Pasamos por el Jäger, ella se ensañó con su fachada. Se dio vuelta y me miró. Nos separaban unos 50 metros y me detuve. Clavó su mirada en la mía, y prendió un cigarrillo, disfrutando visiblemente cada pitada. Al terminar su cigarrillo bajó la cabeza, para luego volver a mostrármela desfigurada, cansada, triste.
En ese bar pasé una noche entera, borracho y claramente bajo efectos del hachis. Fue todo una locura. Femke era una de las ingenieras de sonido del estudio, para nada hermosa, pero sí muy sexual. Lo hicimos muchas veces, con cierta violencia, sin asco, como animales. Yo terminé desnudo en el piso, por la mañana el dueño del bar (con quien tenía una ligera amistad) me despertó a las patadas. En general él me permitía dormir en el bar cuando me echaban de casa, pero esta vez habíamos roto sillas, tomado varias botellas de vodka y ni hablar de los actos de exhibicionismo que ocurrieron durante la noche. Vomité en el momento que recobré la conciencia. Fue demasiado, pero no me arrepiento. Había tenido la mejor noche de sexo de mi vida y el recuerdo era mío para siempre.
Me remordió la conciencia el hecho de no sentir culpa o vergüenza: tomé coraje y fui a su encuentro. Estando más cerca pude distinguir una lágrima. Eran más de una. La abracé y nos besamos.
Voy a hacer un intento con el relato I.
No sabía que ella sabía. Pero claramente sabía. Pasamos por el Jäger, ella se ensañó con su fachada. Se dio vuelta y me miró. Nos separaban unos 50 metros y me detuve. Clavó su mirada en la mía, y prendió un cigarrillo, disfrutando visiblemente cada pitada. Al terminar su cigarrillo bajó la cabeza, para luego volver a mostrármela desfigurada, cansada, triste.
En ese bar pasé una noche entera, borracho y claramente bajo efectos del hachis. Fue todo una locura. Femke era una de las ingenieras de sonido del estudio, para nada hermosa, pero sí muy sexual. Lo hicimos muchas veces, con cierta violencia, sin asco, como animales. Yo terminé desnudo en el piso, por la mañana el dueño del bar (con quien tenía una ligera amistad) me despertó a las patadas. En general él me permitía dormir en el bar cuando me echaban de casa, pero esta vez habíamos roto sillas, tomado varias botellas de vodka y ni hablar de los actos de exhibicionismo que ocurrieron durante la noche. Vomité en el momento que recobré la conciencia. Fue demasiado, pero no me arrepiento. Había tenido la mejor noche de sexo de mi vida y el recuerdo era mío para siempre.
Me remordió la conciencia el hecho de no sentir culpa o vergüenza: tomé coraje y fui a su encuentro. Estando más cerca pude distinguir una lágrima. Eran más de una. La abracé y nos besamos.
acto de entrega
es el de una madre que da a luz, un hermano que te dona un órgano, ok, todos esos que sin duda lo son... pero en este caso me refiero al acto de confiarle tu cabeza a un peluquero. Desde el momento que te ponen la capa sabés que estás librado a tu suerte. Puede que el tipo te pregunte lo que querés, pero es difícil que le importe. Para colmo es mucho más difícil siendo hombre: si vas a una peluquería muuuuy de barrio, ok, sos el macho de américa (hablás de futbol y de fondo suena tango o radio AM), pero te cortan como el orto. Si vas a una fashion, donde la recepcionista está buenísima y te corta un mariposón que te elogia el volúmen del pelo, te sentís en la antesala de la homosexualidad. Las opciones en el medio son una mezcla peligrosa de ambas.
De chico mi viejo me llevaba a una peluquería que se llamaba Apolo XI, en urquiza. No me gustaba para nada el corte, pero tampoco sabía como explicar lo quería. Ni me importaba demasiado. Luego empecé ir yo por mis medios a una cerca de casa, y este peluquero (cincuentón medio cachocastañesco, de los que viven bronceados--silla de jardín en la vereda incluída) tenía mucha más onda y al menos no me asesinaba con el corte. Luego tuve una etapa de peluquería fashion (influenciado por Valeria) pero eso duró poco. Al volver a mi peluquería de barrio ya no estaba el metrosexual, sino el hijo. Un maestro: hablábamos de boliches de moda, de minas, culos y tetas mientras hojeabamos la revista Hombre... pero del pelo ni hablar... un desastre!
Parece que éste es un tema que no se va a solucionar tan fácil en mi vida. Yo quisiera tener un lugar para ir en forma automática. Es decir, que el día que me miro en el espejo y concluyo que me tengo que cortar, se me venga la imagen a la cabeza y saber perfectamente lo que tengo que hacer.
Hoy a la mañana hablé con Manuel, estaba tan al pedo como yo, cuando le conté que me tenía que cortar el pelo él me dijo que estaba en la misma y decidimos ir juntos. Fui a su casa, tomamos mate y fumamos. La peluquería está a unas tres cuadras, no más de 3 por 3, un tipo solo con un sillón. Cuando le vi la cara (medio de débil mental) tuve miedo, pero el flaco resultó ser un fenómeno. Respecto del pelo, zafa.
Este podría funcionar, pero está lejos.
De chico mi viejo me llevaba a una peluquería que se llamaba Apolo XI, en urquiza. No me gustaba para nada el corte, pero tampoco sabía como explicar lo quería. Ni me importaba demasiado. Luego empecé ir yo por mis medios a una cerca de casa, y este peluquero (cincuentón medio cachocastañesco, de los que viven bronceados--silla de jardín en la vereda incluída) tenía mucha más onda y al menos no me asesinaba con el corte. Luego tuve una etapa de peluquería fashion (influenciado por Valeria) pero eso duró poco. Al volver a mi peluquería de barrio ya no estaba el metrosexual, sino el hijo. Un maestro: hablábamos de boliches de moda, de minas, culos y tetas mientras hojeabamos la revista Hombre... pero del pelo ni hablar... un desastre!
Parece que éste es un tema que no se va a solucionar tan fácil en mi vida. Yo quisiera tener un lugar para ir en forma automática. Es decir, que el día que me miro en el espejo y concluyo que me tengo que cortar, se me venga la imagen a la cabeza y saber perfectamente lo que tengo que hacer.
Hoy a la mañana hablé con Manuel, estaba tan al pedo como yo, cuando le conté que me tenía que cortar el pelo él me dijo que estaba en la misma y decidimos ir juntos. Fui a su casa, tomamos mate y fumamos. La peluquería está a unas tres cuadras, no más de 3 por 3, un tipo solo con un sillón. Cuando le vi la cara (medio de débil mental) tuve miedo, pero el flaco resultó ser un fenómeno. Respecto del pelo, zafa.
Este podría funcionar, pero está lejos.
sábado, 3 de octubre de 2009
abrazos rotos
El abrazo se rompió junto con mi inocencia.
Recolecté mis pertenencias, desparramadas por el hall todas, y me fui, caminando, miré el cementerio de lejos pero me resistí a entrar--no permitiría que la escena se contamine con cine. Caminé hacia Strausberger Platz. Ahí me tiré al pasto y pensé en mi vida, pensé en mí con 12 años en la bañadera que ya me empezaba a quedar chica... recordé las carreras de 100 metros llanos en el colegio... en la indecisión que me hizo empezar un día ingeniería y luego abandonar por periodismo, mientras me resignaba a la falta de talento en el taller de teatro del Teatro.
El contraste. El soñador, el tipo bonachón que todos quieren, el que observa todo con una óptica benevolente o a lo sumo burlona... y el que al mismo tiempo corre el riesgo de no tomar su vida en serio, de no hacer jamás los sacrificios necesarios para crecer. Una persona que despierta afectos infantiles, básicos... Yo, el mismo que decidió tomar la vida por sus riendas y escapar. No fue este un acto de madurez tanto como de inconsciencia. No pude evitar sentirme un irresponsable con el nacimiento de Hans. Pero tampoco pude acallar mi alegría. Pensé que si nos hubiésemos tomado más tiempo, las cosas hubieran sido distintas... funcionarían. Inez no me odiaría (me odia?) por inconsciente e inimputable, y por regalarle una responsabilidad enorme en un paquete demasiado hermoso para rechazar. Aunque los sentimientos de culpa duraban poco: tenía absoluta certeza que esta vida (sin importar cuán mala) era la mejor de todas las infinitas potenciales. Si por un minuto hubiese tomado el camino de la razón, la rebelión de mi alma hubiese desembocado en el peor de los escenarios, una vida gris. O blanca, o azul, no importa, monocromática.
Cruzamos la calle y la plaza nos miró de reojo, con una media sonrisa, como quién sonríe ante una profecía cumplida. A pocos metros nos encontramos con el estudio donde Hans vomitó--siempre tendré la duda si fue el humo de la marihuana--y obtuve mi primer trabajo regular.
Recolecté mis pertenencias, desparramadas por el hall todas, y me fui, caminando, miré el cementerio de lejos pero me resistí a entrar--no permitiría que la escena se contamine con cine. Caminé hacia Strausberger Platz. Ahí me tiré al pasto y pensé en mi vida, pensé en mí con 12 años en la bañadera que ya me empezaba a quedar chica... recordé las carreras de 100 metros llanos en el colegio... en la indecisión que me hizo empezar un día ingeniería y luego abandonar por periodismo, mientras me resignaba a la falta de talento en el taller de teatro del Teatro.
El contraste. El soñador, el tipo bonachón que todos quieren, el que observa todo con una óptica benevolente o a lo sumo burlona... y el que al mismo tiempo corre el riesgo de no tomar su vida en serio, de no hacer jamás los sacrificios necesarios para crecer. Una persona que despierta afectos infantiles, básicos... Yo, el mismo que decidió tomar la vida por sus riendas y escapar. No fue este un acto de madurez tanto como de inconsciencia. No pude evitar sentirme un irresponsable con el nacimiento de Hans. Pero tampoco pude acallar mi alegría. Pensé que si nos hubiésemos tomado más tiempo, las cosas hubieran sido distintas... funcionarían. Inez no me odiaría (me odia?) por inconsciente e inimputable, y por regalarle una responsabilidad enorme en un paquete demasiado hermoso para rechazar. Aunque los sentimientos de culpa duraban poco: tenía absoluta certeza que esta vida (sin importar cuán mala) era la mejor de todas las infinitas potenciales. Si por un minuto hubiese tomado el camino de la razón, la rebelión de mi alma hubiese desembocado en el peor de los escenarios, una vida gris. O blanca, o azul, no importa, monocromática.
Cruzamos la calle y la plaza nos miró de reojo, con una media sonrisa, como quién sonríe ante una profecía cumplida. A pocos metros nos encontramos con el estudio donde Hans vomitó--siempre tendré la duda si fue el humo de la marihuana--y obtuve mi primer trabajo regular.
viernes, 2 de octubre de 2009
inspiración where are you
era obvio que cuando creí que la inspiración llegaba en realidad hizo un último touch and go.... y se fue.
Igual prometo seguir con el relato I. Tengo muchas imágenes en la cabeza.
Para reirse un poco.
jueves, 1 de octubre de 2009
en el casamiento
(no el de la semana pasada sino el de 2 semanas atrás)
--y si, tengo casamientos todo el tiempo, no sé que pasa, la gente se casa--
pusieron una tanda de lentos y la fiesta explotó.
Que vuelvan los lentos. Los cursis, generalmente latinos, los que disimulamos que no sabemos la letra, los que nunca hubiésemos aceptado que nos gustan.....
Que vuelvan los lentos!
--y si, tengo casamientos todo el tiempo, no sé que pasa, la gente se casa--
pusieron una tanda de lentos y la fiesta explotó.
Que vuelvan los lentos. Los cursis, generalmente latinos, los que disimulamos que no sabemos la letra, los que nunca hubiésemos aceptado que nos gustan.....
Que vuelvan los lentos!
miércoles, 30 de septiembre de 2009
martes, 29 de septiembre de 2009
el fin de semana
tuve un casamiento (buenísimo) y luego pasé el día con La Prima, creí que las ganas de escribir se iban apagando (30 posts y poca repercusión--por suerte) pero no. La inspiración revivió con más fuerza. Por eso creo que es hora que les presente a otro de mis personajes reales. Es el turno de Paula.
Paula trabaja conmigo. Hasta hace no mucho eramos compañeros de trabajo, pero a mi me ascendieron y a ella le dieron mi puesto. En ese momento ella estaba con su novio (triste intento de) y lejos de ser un obstáculo esto era un enorme aliciente para su actitud histérica. Paula se hacía la sensual y pobrecita con todos los hombres. Es linda, sin duda, ella en algún momento fue conciente de ello y empezó a aprovecharlo a todo vapor. Cambió su guardarropas (de linda pasó a infernal), su actitud (de tímida y retraída pasó a tímida e insinuante) y paseó por el escritorio de cada hombre soltero y desesperado (lamentablemente formo parte de este grupo). Yo le tiré mil centros, pero no tengo mucha paciencia para estas cosas: cabe aclarar que luego de mi experiencia con Ella quedé marcado a fuego. Es por esto que nunca llegué demasiado lejos: Paula te deja poner primera pero apaga el motor ni bien amagás a hacer el cambio.
Un día ocurrió: se peleó con su novio, con quien compartía departamento e inversiones. Valiente de su parte. Entonces yo arranqué el auto en segunda: la invité a salir con claras intenciones. En las tres salidas que tuvimos la pasé muy bien, y sentí que ella se abría a un nivel interesante. Pero todas terminaron igual, cuando le quise dar un beso ella se negó. En la última, que fue cuando más insistente me puse, nos separamos en términos difusos. Yo la dejé en la puerta de su departamento de alquiler temporario rumbo a la parada del 60 sin un chau. Las cosas parecían quebradas (anche rotas) y decidí no insistir más.
Luego de un mes y medio de viaje por trabajo, me ilusioné pensando en el cerrar de heridas, y la volví a invitar a salir. Ella me ganó de mano diciendo que estaba dispuesta a tener una salida de amigos siempre que no la obligue a pasar por los desenlaces desagradables de las instancias anteriores. Entonces me negué: yo ya le había dicho que me encantaba y que no estaba dispuesto a bajar los brazos. Mi coherencia y credibilidad son valores que no pienso defraudar ante situaciones relativamente insignificantes.
Luego vino el tema de mi enfermedad y mi sensibilidad creció a costas de mi orgullo. Retomé el contacto, pero a un nivel mucho más inocente. No sé por qué, tal vez para llenar un vacío e ilusionarme de que, a falta de una relación amorosa, al menos tenía un interés amoroso. Y si, ella me encanta, su pasión por la fotografía y el cine son claramente items que suman... pero si no va, no va.
En el casamiento nos vimos, ella como siempre estaba hermosa y sola. Volví al ruedo, otra vez sin éxito.
Se terminó. Yo no creo estar en una situación en la que pueda soportar el rechazo, y mucho menos en situaciones generadas por mí. A veces pienso que hubiese sido mejor que ella me siguiera el juego y se prestara a un histeriqueo de los que estoy bien acostumbrado. Pero lo pienso una vez más y es totalmente evidente que no. Es hora de encontrar algo real, inspirador, superador.
En el marco de estas definiciones decidí enfriar mi amistad con Charlotte. Yo tengo totalmente claro que ella es mi amiga y eso es todo lo que somos. Pero no puedo seguir ignorando el lugar que ella me ofrece en repetidas oportunidades. Para ser franco, no quiero que nadie tenga derecho a sospechar (aún no siendo mi culpa) de que estoy pasando un mensaje que luego no se condice con mis acciones. Me estresa pensar que soy parte importante de su vida social y que esto puede generar una situación de abandono parcial-- pero uno no debe ser condescendiente con sus afectos y creo firmemente que ella sabrá llenar el vacío con otras personas u ocupaciones. Tal vez hasta se sienta más motivada para buscar una pareja. Es un poco vergonzante decir estas cosas porque suponen cierto enaltecimiento... pero tener un blog con identidad secreta--que practicamente NADIE lee--le da a uno estos beneficios. Yo sospecho que Charlotte está dandole en muchos aspectos a nuestra relación el lugar de una verdadera relación. A mí no me sirve y mucho menos a ella.
Hoy no me pregunto por qué hay tantas y tan buenas razones que explican mi soledad. Hoy me enojo ante ellas, y quiero transitar el camino de refutarlas.
Pero no me ilusiono. No es la primera vez.
Paula trabaja conmigo. Hasta hace no mucho eramos compañeros de trabajo, pero a mi me ascendieron y a ella le dieron mi puesto. En ese momento ella estaba con su novio (triste intento de) y lejos de ser un obstáculo esto era un enorme aliciente para su actitud histérica. Paula se hacía la sensual y pobrecita con todos los hombres. Es linda, sin duda, ella en algún momento fue conciente de ello y empezó a aprovecharlo a todo vapor. Cambió su guardarropas (de linda pasó a infernal), su actitud (de tímida y retraída pasó a tímida e insinuante) y paseó por el escritorio de cada hombre soltero y desesperado (lamentablemente formo parte de este grupo). Yo le tiré mil centros, pero no tengo mucha paciencia para estas cosas: cabe aclarar que luego de mi experiencia con Ella quedé marcado a fuego. Es por esto que nunca llegué demasiado lejos: Paula te deja poner primera pero apaga el motor ni bien amagás a hacer el cambio.
Un día ocurrió: se peleó con su novio, con quien compartía departamento e inversiones. Valiente de su parte. Entonces yo arranqué el auto en segunda: la invité a salir con claras intenciones. En las tres salidas que tuvimos la pasé muy bien, y sentí que ella se abría a un nivel interesante. Pero todas terminaron igual, cuando le quise dar un beso ella se negó. En la última, que fue cuando más insistente me puse, nos separamos en términos difusos. Yo la dejé en la puerta de su departamento de alquiler temporario rumbo a la parada del 60 sin un chau. Las cosas parecían quebradas (anche rotas) y decidí no insistir más.
Luego de un mes y medio de viaje por trabajo, me ilusioné pensando en el cerrar de heridas, y la volví a invitar a salir. Ella me ganó de mano diciendo que estaba dispuesta a tener una salida de amigos siempre que no la obligue a pasar por los desenlaces desagradables de las instancias anteriores. Entonces me negué: yo ya le había dicho que me encantaba y que no estaba dispuesto a bajar los brazos. Mi coherencia y credibilidad son valores que no pienso defraudar ante situaciones relativamente insignificantes.
Luego vino el tema de mi enfermedad y mi sensibilidad creció a costas de mi orgullo. Retomé el contacto, pero a un nivel mucho más inocente. No sé por qué, tal vez para llenar un vacío e ilusionarme de que, a falta de una relación amorosa, al menos tenía un interés amoroso. Y si, ella me encanta, su pasión por la fotografía y el cine son claramente items que suman... pero si no va, no va.
En el casamiento nos vimos, ella como siempre estaba hermosa y sola. Volví al ruedo, otra vez sin éxito.
Se terminó. Yo no creo estar en una situación en la que pueda soportar el rechazo, y mucho menos en situaciones generadas por mí. A veces pienso que hubiese sido mejor que ella me siguiera el juego y se prestara a un histeriqueo de los que estoy bien acostumbrado. Pero lo pienso una vez más y es totalmente evidente que no. Es hora de encontrar algo real, inspirador, superador.
En el marco de estas definiciones decidí enfriar mi amistad con Charlotte. Yo tengo totalmente claro que ella es mi amiga y eso es todo lo que somos. Pero no puedo seguir ignorando el lugar que ella me ofrece en repetidas oportunidades. Para ser franco, no quiero que nadie tenga derecho a sospechar (aún no siendo mi culpa) de que estoy pasando un mensaje que luego no se condice con mis acciones. Me estresa pensar que soy parte importante de su vida social y que esto puede generar una situación de abandono parcial-- pero uno no debe ser condescendiente con sus afectos y creo firmemente que ella sabrá llenar el vacío con otras personas u ocupaciones. Tal vez hasta se sienta más motivada para buscar una pareja. Es un poco vergonzante decir estas cosas porque suponen cierto enaltecimiento... pero tener un blog con identidad secreta--que practicamente NADIE lee--le da a uno estos beneficios. Yo sospecho que Charlotte está dandole en muchos aspectos a nuestra relación el lugar de una verdadera relación. A mí no me sirve y mucho menos a ella.
Hoy no me pregunto por qué hay tantas y tan buenas razones que explican mi soledad. Hoy me enojo ante ellas, y quiero transitar el camino de refutarlas.
Pero no me ilusiono. No es la primera vez.
lunes, 28 de septiembre de 2009
confieso y continúo
Empecé el relato I con un montón de sensaciones muy nítidas, pero sin rumbo. Pero ayer ocurrió, estaba releyendo unas partes de the unbearable lightness of being y la historia tomó cuerpo. Vi los personajes, los sentí, los escuché, vestí su ropa. Hablé por ellos, sentí por ellos. La motivación necesaria para seguir. Veremos qué tal la incursión de hoy.
En la sexta cuadra el silencio se interrumpió, y quizás también el tiempo. Era ella. Noté que los cuatro años de separación dejaron unos 10 años de rastro en su rostro y expresión. Nuestras miradas se cruzaron y la cámara se ubico entre nosotros, equidistante, ejercitando el plano y contraplano. Mi cuerpo entró en cortocircuito- falló la rodilla izquierda y el sonido de acople se clavó en mis oídos. Ella acumuló fuerza y vergüenza, y continuó su marcha. La dejé dar sus primeros pasos, sólo para poder elegir si seguirla o continuar en la dirección contraria.
Cuatro años. Unos meses más que mi hijo. Unos meses menos que la muerte de mi padre. Inez me dio la espalda (es su estilo), con sus estilizados hombros y su pelo recogido reminiscentes de su anterior belleza. Ese momento se perpetuó y los recuerdos me transitaron con la velocidad de un rayo--y con la misma violencia. Entonces la seguí. Y ella lo supo desde ese mismo momento, o al menos eso pienso yo, porque en su dantesco recorrido no se privó de mostrarme, uno por uno, todos los lugares que habían marcado mi vida en los últimos años.
Supongamos que los primeros fueron ocasionales (estábamos a poca distancia), igualmente fueron de los más significativos. En el parque Federico (al llegar me resultó imposible pronunciar el nombre y así lo bauticé) me encontré con un mar de recuerdos, principalmente de soledad y reflexión. Nuestra primera habitación se ubicaba en la zona, y el parque era parte obligada de mi recorrida aeróbica de todas las mañanas. Entre sus árboles y caminos corrí, grité, lloré, corrí más fuerte... era en esas mañanas, cuando la impotencia se sobreponía a cualquier otro sentimiento, cuando exigía mi cuerpo al máximo. Recordé esa mañana en la que algo falló--al día de hoy no sé que--y caí rendido en la grava del camino. Era muy temprano y nadie lo vio. El alma volvió al cuerpo y pude reincorporarme en pocos minutos, sólo para seguir corriendo a casa. En uno de sus bancos había tallado la frase "mierda" durante una de nuestras discusiones. También hubo momentos felices, cuando la convencí de practicar en el parque mientras yo la miraba y admiraba (mate en mano). Hubo una siesta abrazados, en la que ella me despertó y estábamos ambos temblando de frío. Su pasto me acarició más de una vez, con Gustavo Cerati sonando en mis oídos.
En retrospectiva, mi vida ha sido una progresión de claroscuros--ninguno más intenso que el nacimiento de mi hijo Hans. No hubo tiempo para recordar más momentos en el parque, antes de lo previsto estabamos de frente a la clínica.
Inez me permitió estar durante su nacimiento, por supuesto a una distancia prudencial. En su compleja mente, de este modo ella estaría a salvo. Mi enorme emoción y la horrible situación en la que me encontraba dieron mucho trabajo a mis ojos, pero relevaron al resto de mis sentidos. Por momentos me sentí flotar, y juro que hubo instantes en que mis pies se despegaron del suelo. Lo que estaba ocurriendo unos pisos más arriba era todo lo que había soñado, pero en un contexto inimaginable y feroz. Mi vida para ese entonces ya había cambiado, pero desde mi niñez hubo miedos que no me abandonaron nunca. Mi estilo de vida solitario alimentó durante un buen tiempo el fantasma de no formar jamás una familia, de no tener descendencia. De a poco lo fui superando, y cuando supe del embarazo de Inez (ya inocultable) creí que, como en la mayoría de los casos, la generosidad del universo se mostraría incompleta: sería una mujer.
Pero no. Era un varón. En esa ecografía tuve un ataque de felicidad y ansiedad por el que valió la pena hasta ese momento la vida. Inez lloraba, entre miedo y emoción. Sin duda éste era un hecho inesperado, pero mentiría si dijera que no lo deseaba. En cada vez que el alcohol o las ganas de reconciliarnos hacían indeseables los cuidados, yo acababa con más fuerza, sintiendo la felicidad y satisfacción del deber cumplido. En esos momentos yo estaba demasiado concentrado en mí, y es por eso que desconozco cuál era su reacción. Sí sé que al día siguiente sus nervios estaban notablemente crispados, frecuentemente se despertaba temprano a limpiar lo que sea (platos, baños, pisos) e indefectiblemente me despertaba con el sonido de un golpe. En un principio yo hacía lo posible para modificar su humor y compartir mi alegría juntos. Pero su indiferencia alimentó mi egoísmo y ante estas situaciones me aferraba a mi alegría con tal fuerza que era imposible borrarme la sonrisa de la cara.
Yo tenía 20 años y ella 26. Ella tenía una promisoria carrera de violinista, y yo nada que perder. Yo soñaba con un hijo varón, ella le tenía pánico a todo ser de sexo masculino.
Yo era feliz.
Hans nació un 15 de noviembre, dos semanas prematuro, luego de un parto complicado y tres meses de reposo absoluto de Inez. Su embarazo se complicó, y todos los martes y jueves cuando se veía forzada a abandonar sus ensayos lloraba. Me decía que ella no era nadie sin su música, y que no habría futuro para ninguno de los tres si ella no triunfaba como violinista. Que había hecho enormes sacrificios (y me consta) por su carrera. Que la edad ya le estaba empezando a jugar en contra, y rogaba que la ayude en la crianza de nuestro hijo para que no haya sido todo en vano. El contraste es enorme con lo que ocurrió meses después. Por esto, y por todo lo demás, cuando supe que mi hijo vivía, su madre también, que mi futuro y el suyo eran por igual inciertos, y que la alegría sólo podía ser comparada con la enorme incertidumbre del futuro, lloré, grité... al punto que dos enfermeras (cuasimilitares ambas) se apiadaron de mí y me abrazaron. Terminamos los tres en el piso.
En la sexta cuadra el silencio se interrumpió, y quizás también el tiempo. Era ella. Noté que los cuatro años de separación dejaron unos 10 años de rastro en su rostro y expresión. Nuestras miradas se cruzaron y la cámara se ubico entre nosotros, equidistante, ejercitando el plano y contraplano. Mi cuerpo entró en cortocircuito- falló la rodilla izquierda y el sonido de acople se clavó en mis oídos. Ella acumuló fuerza y vergüenza, y continuó su marcha. La dejé dar sus primeros pasos, sólo para poder elegir si seguirla o continuar en la dirección contraria.
Cuatro años. Unos meses más que mi hijo. Unos meses menos que la muerte de mi padre. Inez me dio la espalda (es su estilo), con sus estilizados hombros y su pelo recogido reminiscentes de su anterior belleza. Ese momento se perpetuó y los recuerdos me transitaron con la velocidad de un rayo--y con la misma violencia. Entonces la seguí. Y ella lo supo desde ese mismo momento, o al menos eso pienso yo, porque en su dantesco recorrido no se privó de mostrarme, uno por uno, todos los lugares que habían marcado mi vida en los últimos años.
Supongamos que los primeros fueron ocasionales (estábamos a poca distancia), igualmente fueron de los más significativos. En el parque Federico (al llegar me resultó imposible pronunciar el nombre y así lo bauticé) me encontré con un mar de recuerdos, principalmente de soledad y reflexión. Nuestra primera habitación se ubicaba en la zona, y el parque era parte obligada de mi recorrida aeróbica de todas las mañanas. Entre sus árboles y caminos corrí, grité, lloré, corrí más fuerte... era en esas mañanas, cuando la impotencia se sobreponía a cualquier otro sentimiento, cuando exigía mi cuerpo al máximo. Recordé esa mañana en la que algo falló--al día de hoy no sé que--y caí rendido en la grava del camino. Era muy temprano y nadie lo vio. El alma volvió al cuerpo y pude reincorporarme en pocos minutos, sólo para seguir corriendo a casa. En uno de sus bancos había tallado la frase "mierda" durante una de nuestras discusiones. También hubo momentos felices, cuando la convencí de practicar en el parque mientras yo la miraba y admiraba (mate en mano). Hubo una siesta abrazados, en la que ella me despertó y estábamos ambos temblando de frío. Su pasto me acarició más de una vez, con Gustavo Cerati sonando en mis oídos.
En retrospectiva, mi vida ha sido una progresión de claroscuros--ninguno más intenso que el nacimiento de mi hijo Hans. No hubo tiempo para recordar más momentos en el parque, antes de lo previsto estabamos de frente a la clínica.
Inez me permitió estar durante su nacimiento, por supuesto a una distancia prudencial. En su compleja mente, de este modo ella estaría a salvo. Mi enorme emoción y la horrible situación en la que me encontraba dieron mucho trabajo a mis ojos, pero relevaron al resto de mis sentidos. Por momentos me sentí flotar, y juro que hubo instantes en que mis pies se despegaron del suelo. Lo que estaba ocurriendo unos pisos más arriba era todo lo que había soñado, pero en un contexto inimaginable y feroz. Mi vida para ese entonces ya había cambiado, pero desde mi niñez hubo miedos que no me abandonaron nunca. Mi estilo de vida solitario alimentó durante un buen tiempo el fantasma de no formar jamás una familia, de no tener descendencia. De a poco lo fui superando, y cuando supe del embarazo de Inez (ya inocultable) creí que, como en la mayoría de los casos, la generosidad del universo se mostraría incompleta: sería una mujer.
Pero no. Era un varón. En esa ecografía tuve un ataque de felicidad y ansiedad por el que valió la pena hasta ese momento la vida. Inez lloraba, entre miedo y emoción. Sin duda éste era un hecho inesperado, pero mentiría si dijera que no lo deseaba. En cada vez que el alcohol o las ganas de reconciliarnos hacían indeseables los cuidados, yo acababa con más fuerza, sintiendo la felicidad y satisfacción del deber cumplido. En esos momentos yo estaba demasiado concentrado en mí, y es por eso que desconozco cuál era su reacción. Sí sé que al día siguiente sus nervios estaban notablemente crispados, frecuentemente se despertaba temprano a limpiar lo que sea (platos, baños, pisos) e indefectiblemente me despertaba con el sonido de un golpe. En un principio yo hacía lo posible para modificar su humor y compartir mi alegría juntos. Pero su indiferencia alimentó mi egoísmo y ante estas situaciones me aferraba a mi alegría con tal fuerza que era imposible borrarme la sonrisa de la cara.
Yo tenía 20 años y ella 26. Ella tenía una promisoria carrera de violinista, y yo nada que perder. Yo soñaba con un hijo varón, ella le tenía pánico a todo ser de sexo masculino.
Yo era feliz.
Hans nació un 15 de noviembre, dos semanas prematuro, luego de un parto complicado y tres meses de reposo absoluto de Inez. Su embarazo se complicó, y todos los martes y jueves cuando se veía forzada a abandonar sus ensayos lloraba. Me decía que ella no era nadie sin su música, y que no habría futuro para ninguno de los tres si ella no triunfaba como violinista. Que había hecho enormes sacrificios (y me consta) por su carrera. Que la edad ya le estaba empezando a jugar en contra, y rogaba que la ayude en la crianza de nuestro hijo para que no haya sido todo en vano. El contraste es enorme con lo que ocurrió meses después. Por esto, y por todo lo demás, cuando supe que mi hijo vivía, su madre también, que mi futuro y el suyo eran por igual inciertos, y que la alegría sólo podía ser comparada con la enorme incertidumbre del futuro, lloré, grité... al punto que dos enfermeras (cuasimilitares ambas) se apiadaron de mí y me abrazaron. Terminamos los tres en el piso.
domingo, 27 de septiembre de 2009
y... continuemos
La lluvia inspiradora de la noche se había transformado en un cielo cubierto blanco, pero de ese blanco que encandila los ojos y los sentidos. Transité las seis primeras cuadras en silencio absoluto, concentrado en registrar el irregular transcurso del tiempo. Aquí me habían traído la inocencia y la magia, la inmadurez y la pasión. Imposible no sentir un dejo de frustración por no poder descifrar la enorme cantidad de mensajes que el mundo me estaba dando a gritos. Peor aún intuir que el mundo me observaba con cierta indiferencia y que mensajes no habían, o no eran para mí.
El cuerpo alberga misterios. La mecánica del andar es sorprendente--no es necesario invertir un gramo de energía psíquica para coordinar los movimientos que a uno lo transportan. El ritmo acompaña la escena como una percusión inaudible. Menos misteriosa (o más trazable) es la cadena de hechos que explican mi soledad y aislamiento en esta increíble ciudad. Esto no implica que los sucesos que se desencadenaron desde mi llegada hayan sido previsibles u ordinarios. Llegué a esta ciudad porque... me cuesta decirlo, porque suena espantosamente cursi, pero sí, vine decidido a encontrar el amor. Pero no para que nos encontremos en una escena romántica, con velas aromáticas y luz tenue: vine para reírme con él, para perseguirlo y tirarle la gorra. Porque nos conocimos en mi Buenos Aires natal, ella formaba parte de una orquesta y las vicisitudes de su gira la acercaron al Teatro Colón, donde yo hacía mis primeros pesos arriando turistas por sus pasillos.
Su pasión era (yo creo que sigue siendo) el violín. Pero no fue en ese entorno que nos conocimos sino borrachos en un bar de San Telmo, ella estaba tímidamente fuera de control y no ignoraba las sucesivas rondas de vodka. Para mí el flechazo fue instantáneo. Claro que estamos hablando de un niño altamente hormonal a la edad de diecinueve. Su belleza me dejó pasmado, por lo poco estereotípica. Lo intenté, pero ella nunca me creyó que la encontraba hermosa. Hice todo lo posible para darle un beso... ella guardaba un rencor hacia todo el género masculino. Incluso creo que la besé, pero dadas las circunstancias ni siquiera puede esto adquirir carácter anecdótico.
La perseguí. Usaba el teléfono del despacho del jefe (donde no estaban bloqueadas las llamadas de larga distancia) y no hubo teatro en el que su compañía se presentara en el que no le haya dejado un mensaje elogioso. La sorpresa fue cuando una mañana me saludó Jorge y en un papelito sucio, como los que usan en las pizzerías (grasa y pinchadura incluídas) me dijo que había recibido un mensaje para mí. Era su teléfono. A partir de ese entonces hablamos casi todas las semanas. Lo fastuoso del teatro y lo dramático de sus presentaciones me transfundieron lo lírico y en cada comunicación le juré amor eterno, para su gracia y desconcierto. Fue entonces cuando ella me dijo (con mucha razón) que jamás podría ser el amor de mi vida estando a decenas de miles de kilómetros de distancia.
Entonces me fui, con las dos manos detrás, sorprendido de que todos mis objetos de valor cabían en una minúscula valija. No tenía nada que perder: en el fondo sabía que el vacío emocional al que que estaba sometido iba a terminar apagándome por completo. La vida no había sido generosa conmigo: siempre soñé con tener algún talento relacionado con la creación, la música, la literatura y el arte, pero era y me sentía en estos ámbitos completamente incapaz. Si algo me estaba esperando, algo grande, revelador, que cambiara los roles y me transformara en protagonista, iba a tener que generarlo yo.
El cuerpo alberga misterios. La mecánica del andar es sorprendente--no es necesario invertir un gramo de energía psíquica para coordinar los movimientos que a uno lo transportan. El ritmo acompaña la escena como una percusión inaudible. Menos misteriosa (o más trazable) es la cadena de hechos que explican mi soledad y aislamiento en esta increíble ciudad. Esto no implica que los sucesos que se desencadenaron desde mi llegada hayan sido previsibles u ordinarios. Llegué a esta ciudad porque... me cuesta decirlo, porque suena espantosamente cursi, pero sí, vine decidido a encontrar el amor. Pero no para que nos encontremos en una escena romántica, con velas aromáticas y luz tenue: vine para reírme con él, para perseguirlo y tirarle la gorra. Porque nos conocimos en mi Buenos Aires natal, ella formaba parte de una orquesta y las vicisitudes de su gira la acercaron al Teatro Colón, donde yo hacía mis primeros pesos arriando turistas por sus pasillos.
Su pasión era (yo creo que sigue siendo) el violín. Pero no fue en ese entorno que nos conocimos sino borrachos en un bar de San Telmo, ella estaba tímidamente fuera de control y no ignoraba las sucesivas rondas de vodka. Para mí el flechazo fue instantáneo. Claro que estamos hablando de un niño altamente hormonal a la edad de diecinueve. Su belleza me dejó pasmado, por lo poco estereotípica. Lo intenté, pero ella nunca me creyó que la encontraba hermosa. Hice todo lo posible para darle un beso... ella guardaba un rencor hacia todo el género masculino. Incluso creo que la besé, pero dadas las circunstancias ni siquiera puede esto adquirir carácter anecdótico.
La perseguí. Usaba el teléfono del despacho del jefe (donde no estaban bloqueadas las llamadas de larga distancia) y no hubo teatro en el que su compañía se presentara en el que no le haya dejado un mensaje elogioso. La sorpresa fue cuando una mañana me saludó Jorge y en un papelito sucio, como los que usan en las pizzerías (grasa y pinchadura incluídas) me dijo que había recibido un mensaje para mí. Era su teléfono. A partir de ese entonces hablamos casi todas las semanas. Lo fastuoso del teatro y lo dramático de sus presentaciones me transfundieron lo lírico y en cada comunicación le juré amor eterno, para su gracia y desconcierto. Fue entonces cuando ella me dijo (con mucha razón) que jamás podría ser el amor de mi vida estando a decenas de miles de kilómetros de distancia.
Entonces me fui, con las dos manos detrás, sorprendido de que todos mis objetos de valor cabían en una minúscula valija. No tenía nada que perder: en el fondo sabía que el vacío emocional al que que estaba sometido iba a terminar apagándome por completo. La vida no había sido generosa conmigo: siempre soñé con tener algún talento relacionado con la creación, la música, la literatura y el arte, pero era y me sentía en estos ámbitos completamente incapaz. Si algo me estaba esperando, algo grande, revelador, que cambiara los roles y me transformara en protagonista, iba a tener que generarlo yo.
sábado, 26 de septiembre de 2009
jueves, 24 de septiembre de 2009
planes que no cierran y terminan en capicúa
ayer fue un día borgiano (incluyendo las declaraciones de mi médica, ver post anterior) en su resolución circular.
había quedado con Chloe y Alan para desayunar en Starbucks, no se concretó. Todos arrancamos nuestro día de trabajo por separado.
Luego me encontré con Chloe (habíamos quedado en ir a un evento en un restaurant de medio oriente), pero pintó bajón y nos fuimos a comer a un chino de por ahí--estaba rico, pero ir a un chino que uno no conoce es como un salto al vacío...!
En el medio llamó Alan, perdido por la ciudad, y se unió a nuestra cena china. Está en uno de sus arranques anoréxicos y no iba a comer, pero terminó devorándose las sobras con cuchara.
Y como no podía ser de otro modo, de ahí nos fuimos a Starbucks a terminar el día.
Que buena combinación de espontaneidad, amigos y Starbucks.
había quedado con Chloe y Alan para desayunar en Starbucks, no se concretó. Todos arrancamos nuestro día de trabajo por separado.
Luego me encontré con Chloe (habíamos quedado en ir a un evento en un restaurant de medio oriente), pero pintó bajón y nos fuimos a comer a un chino de por ahí--estaba rico, pero ir a un chino que uno no conoce es como un salto al vacío...!
En el medio llamó Alan, perdido por la ciudad, y se unió a nuestra cena china. Está en uno de sus arranques anoréxicos y no iba a comer, pero terminó devorándose las sobras con cuchara.
Y como no podía ser de otro modo, de ahí nos fuimos a Starbucks a terminar el día.
Que buena combinación de espontaneidad, amigos y Starbucks.
es normal
La médica hoy me dio la buena noticia de que lo que estaba sintiendo "es normal", sobre todo porque hace poco estoy tomando los medicamentos y por ende no estoy tan "protegido".
El prospecto, entre otras cosas, dice:
Se sabe que existe una mayor frecuencia de depresión e ideación suicida en la población con (la enfermedad) y en asociación con el uso de (la droga). Se debe aconsejar a los pacientes tratados con (nombre comercial de la droga) que notifiquen inmediatamente a su médico cualquier síntoma de depresión y/o ideación suicida.
Volviendo a lo anterior, con más tiempo y a medida que el medicamento actúe, teóricamente voy a estar más protegido.
;)
El prospecto, entre otras cosas, dice:
Se sabe que existe una mayor frecuencia de depresión e ideación suicida en la población con (la enfermedad) y en asociación con el uso de (la droga). Se debe aconsejar a los pacientes tratados con (nombre comercial de la droga) que notifiquen inmediatamente a su médico cualquier síntoma de depresión y/o ideación suicida.
Volviendo a lo anterior, con más tiempo y a medida que el medicamento actúe, teóricamente voy a estar más protegido.
;)
miércoles, 23 de septiembre de 2009
lluvia
el día está ESPANTOSO-- y justo hoy fue el día que más tuve que recorrer la ciudad, empezando por una audiencia judicial que no fue, siguiendo con varias horas en la oficina (interrumpidas por un cigarrillo, si, soy un desastre), subtes, colectivos y caminatas incluidas.
Pero la lluvia me sienta bien, inspira. Y además se duerme como los dioses.
Hoy una improvisación de relato (hace mucho que no escribo, que esto sea punta de lanza)
A las 6 de la mañana las gotas se estrellaban contra los vidrios como puntas de lanza. El techo, ya de por sí desvencijado por sus varios cuartos de siglo, crujía como émulo de carcajada. Abajo estaría durmiendo (en el mejor de los casos) la señora Kirschbaum, sus 94 años se habrían posado torpemente sobre la cama o la mecedora. En mi cueva (los poetas lo llamarían ático) el calor y la humedad de las muchas estufas encendidas abajo me llevaron a un nivel de conciencia suficiente para apreciar lo pintoresco de la situación.
Lejos de concentrarme en las sábanas húmedas, la densidad del aire y el olor a gas, quedé hipnotizado por el sonido de la lluvia y los silbidos de las ráfagas de viento. No pude evitar sentirme feliz, éste era uno de esos momentos en los que los sentidos alcanzan tal estado de alerta, que da la sensación que las percepciones se aterrizan en forma de un millón de agujas.
Pero como todo momento de felicidad, su encanto se desvaneció gradualmente y dio lugar a preocupaciones más terrenales. Superadas las etapas de aseo, bajé a la cocina. Las escaleras (muchas y muy empinadas) me brindaron un monótono concierto. La cocina ofreció un segundo movimiento con sus múltiples goteras. Intentando respetar el equilibrio de la torre de vasos y tazas sucias (con restos de café con leche, sobres de azúcar usados y espuma de cerveza) lavé un tazón, lo llené de agua y lo metí en el microondas. En el camino hacia la alacena, atravesando el vestíbulo, me encontré con la señora Kirschbaum. Estaba sentada en su mecedora, estática, dormida. Tomé un paquete de blintzes y, en el camino de vuelta, di un empujón a su silla: ella permaneció inmóvil, y la silla a los pocos segundos también.
El piso estaba frío, y el ambiente desde ya no tan cálido como el dormitorio, pero nada supera el placer de desayunar descalzo, en una remera gastada y con agujeros, y con los calzones torcidos. Finalizado el desayuno, volví a subir por las mismas escaleras rascándome (para agregarle un poco de cine a la escena) descaradamente el culo con la mano izquierda.
Una vez afuera, envuelto en kilos de ropa y fundamentalmente en mi bufanda blanca de cashmere, caminé hacia la estación de Prenzlauer. El próximo tren llegaría en 7 minutos. Pero no aguanté. Sentí la sangre en ebullición y supe que la única forma de permanecer en mi cuerpo era caminar a la sala de ensayo. Iba a llegar tarde, y seguramente con la nariz goteando-- pero el impulso fue mucho más fuerte.
Pero la lluvia me sienta bien, inspira. Y además se duerme como los dioses.
Hoy una improvisación de relato (hace mucho que no escribo, que esto sea punta de lanza)
A las 6 de la mañana las gotas se estrellaban contra los vidrios como puntas de lanza. El techo, ya de por sí desvencijado por sus varios cuartos de siglo, crujía como émulo de carcajada. Abajo estaría durmiendo (en el mejor de los casos) la señora Kirschbaum, sus 94 años se habrían posado torpemente sobre la cama o la mecedora. En mi cueva (los poetas lo llamarían ático) el calor y la humedad de las muchas estufas encendidas abajo me llevaron a un nivel de conciencia suficiente para apreciar lo pintoresco de la situación.
Lejos de concentrarme en las sábanas húmedas, la densidad del aire y el olor a gas, quedé hipnotizado por el sonido de la lluvia y los silbidos de las ráfagas de viento. No pude evitar sentirme feliz, éste era uno de esos momentos en los que los sentidos alcanzan tal estado de alerta, que da la sensación que las percepciones se aterrizan en forma de un millón de agujas.
Pero como todo momento de felicidad, su encanto se desvaneció gradualmente y dio lugar a preocupaciones más terrenales. Superadas las etapas de aseo, bajé a la cocina. Las escaleras (muchas y muy empinadas) me brindaron un monótono concierto. La cocina ofreció un segundo movimiento con sus múltiples goteras. Intentando respetar el equilibrio de la torre de vasos y tazas sucias (con restos de café con leche, sobres de azúcar usados y espuma de cerveza) lavé un tazón, lo llené de agua y lo metí en el microondas. En el camino hacia la alacena, atravesando el vestíbulo, me encontré con la señora Kirschbaum. Estaba sentada en su mecedora, estática, dormida. Tomé un paquete de blintzes y, en el camino de vuelta, di un empujón a su silla: ella permaneció inmóvil, y la silla a los pocos segundos también.
El piso estaba frío, y el ambiente desde ya no tan cálido como el dormitorio, pero nada supera el placer de desayunar descalzo, en una remera gastada y con agujeros, y con los calzones torcidos. Finalizado el desayuno, volví a subir por las mismas escaleras rascándome (para agregarle un poco de cine a la escena) descaradamente el culo con la mano izquierda.
Una vez afuera, envuelto en kilos de ropa y fundamentalmente en mi bufanda blanca de cashmere, caminé hacia la estación de Prenzlauer. El próximo tren llegaría en 7 minutos. Pero no aguanté. Sentí la sangre en ebullición y supe que la única forma de permanecer en mi cuerpo era caminar a la sala de ensayo. Iba a llegar tarde, y seguramente con la nariz goteando-- pero el impulso fue mucho más fuerte.
(continuará... o no)
martes, 22 de septiembre de 2009
alguna vez
soñe con ejercer la ingeniería civil o hacer un posgrado en arquitectura-- me pregunto si el hecho de que hubiese sido tan feliz no hizo que el universo lo registrara como sueño y por ende jamás se concretó.
Bueno, quién sabe.
Bueno, quién sabe.
lunes, 21 de septiembre de 2009
no entiendo por qué
me re caben las cantantes hechas mierda. Pero ojo, por diferentes razones. Hay muchos ejemplos (a continuación un par)
Amy le pone mucha onda a pesar de vivir intoxicada, su voz esta muy bien, la música que hace me cae excelente.
Sobre Britney q puedo decir, el agitar su culo siempre me copó desde pendejo (vestida de colegiala), su música es basura pero un día se decidió a ser puta y una gran exponente white trash. Y que se yo... si no hubiese sido por esta fase altamente reivindicadora, me daría vergüenza aceptar que me cae bien.
sábado, 19 de septiembre de 2009
culos de bidet
Hoy hablabamos con Alan de lo complicado que es viajar a países sin bidet. A mi me resulta increíble que no exista en ciertos lugares del mundo.
Hace mucho tiempo una amiga del colegio le proponía a sus detractores que agarren un sorete con la mano y que intenten limpiarse con papel, haciendo un paralelo de como tienen el culo.
Igualmente Alan fue más lejos (como siempre exagerando y teatralizando con sus voces y gestos) contando anecdotas de garcos enormes que claramente no pueden ser finalizados con papel, en los que tuvo que usar la ducha como sustituto. Yo creí que era el único enfermo que lo había hecho en un par de oportunidades.
Y luego nos reimos porque de limpiarnos con papel necesitariamos usar Hipoglos, prueba de lo viejos que estamos.
Escatológico.
Hace mucho tiempo una amiga del colegio le proponía a sus detractores que agarren un sorete con la mano y que intenten limpiarse con papel, haciendo un paralelo de como tienen el culo.
Igualmente Alan fue más lejos (como siempre exagerando y teatralizando con sus voces y gestos) contando anecdotas de garcos enormes que claramente no pueden ser finalizados con papel, en los que tuvo que usar la ducha como sustituto. Yo creí que era el único enfermo que lo había hecho en un par de oportunidades.
Y luego nos reimos porque de limpiarnos con papel necesitariamos usar Hipoglos, prueba de lo viejos que estamos.
Escatológico.
dejar de lado la paranoia
es realmente creer en lo que dice Kris (ver post anterior): to live is to feel oneself lost.
Cada mínima reacción de mi cuerpo, aún la que podría ser de lo más normal, me genera una cantidad importante de preguntas.
Por eso repito: to live is to feel oneself lost.
Cada mínima reacción de mi cuerpo, aún la que podría ser de lo más normal, me genera una cantidad importante de preguntas.
Por eso repito: to live is to feel oneself lost.
viernes, 18 de septiembre de 2009
perlas del repertorio nacional
en realidad yo no soy tan pro-musica nacional, pero últimamente estoy en una fase. Hoy accidentalmente escuché un fragmento de esta canción (o eso creo) y me trajo un buen recuerdo de las épocas en la casa de Valeria.
Un grande.
También me hace acordar a mi vieja tarareándola en casa.
Justo estaba hablando con Charlotte y se lo pasé, y los dos nos reímos un buen rato. Ella quiso publicarlo en su perfil de facebook a lo que me negué rotundamente. Es que todo su entorno social está dividido entre los que creen que estamos saliendo y los que creen que no por mi proceder histérico (y por ende mi exclusiva culpa). Todavía intento dilucidar el rol de ella en este retrato.
Y ahora el turno de otro que me hace acordar a mis épocas de facultad. Nuevamente me resulta increible la cantidad de gente que pasa y pasó por mi vida.
Leí en el blog de Kris (altamente recomendable) que vivir es sentirse perdido ("to live is to feel oneself lost") y realmente lo siento así. Que viva la vida.
Un grande.
También me hace acordar a mi vieja tarareándola en casa.
Justo estaba hablando con Charlotte y se lo pasé, y los dos nos reímos un buen rato. Ella quiso publicarlo en su perfil de facebook a lo que me negué rotundamente. Es que todo su entorno social está dividido entre los que creen que estamos saliendo y los que creen que no por mi proceder histérico (y por ende mi exclusiva culpa). Todavía intento dilucidar el rol de ella en este retrato.
Y ahora el turno de otro que me hace acordar a mis épocas de facultad. Nuevamente me resulta increible la cantidad de gente que pasa y pasó por mi vida.
Leí en el blog de Kris (altamente recomendable) que vivir es sentirse perdido ("to live is to feel oneself lost") y realmente lo siento así. Que viva la vida.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
en mi viaje a Alemania
la conocí, en un pubcrawl que es como una de esas excursiones de los viejos que te levantan todos los días a la hora que ellos quieren y te llevan como si fueras un perrito, ok, eso, pero de bares en berlín para un montón de pendejos desaforados.
cuestión ella era una de las "guías", pero me flasheó, no sé si por el alcohol o por qué, ella me encantó, la vi y me olvidé de todas las demás. Insistí bastante, para ser sincero ni sé si le pude dar un beso (creo que sí) pero eso fue todo.
Pasa el tiempo y me doy cuenta que no puedo con la belleza, que quedo completamente indefenso, paralizado, idiota. Esa noche le propuse casamiento varias veces.
A todo esto la busqué (incluso luego de irme de Berlín) y nada, pero tenía su e-mail y eso permitió que nos contactaramos por msn y facebook a mi vuelta. Pasaron más de 2 años. Y nos reencontramos porque ella una vez hizo un comentario gracioso y yo respondí, etc. etc. etc.
En una de esas conversaciones nos mandamos a la mierda mal, creí que ahí se terminaba todo.
Y hoy volvimos a hablar, una conversación como cariñosa. Increiblemente en esta y la otra charla, primero yo y luego ella, compartimos "el" secreto. Me dieron ganas de abrazarla.
Ella va a estar en Nueva York en 3 semanas, va a tocar en el Radio City. Estuve ahí mismo hace más o menos 3 meses. Yo iba a ir pero más adelante, que hago, modifico los planes para encontrarme con ella?
Si tuviera esperanza de que algo copado está por pasar, sería muy ñoño?
Esto de pensar que las cosas se pueden dar así, tan de película, es culpa de las películas?
cuestión ella era una de las "guías", pero me flasheó, no sé si por el alcohol o por qué, ella me encantó, la vi y me olvidé de todas las demás. Insistí bastante, para ser sincero ni sé si le pude dar un beso (creo que sí) pero eso fue todo.
Pasa el tiempo y me doy cuenta que no puedo con la belleza, que quedo completamente indefenso, paralizado, idiota. Esa noche le propuse casamiento varias veces.
A todo esto la busqué (incluso luego de irme de Berlín) y nada, pero tenía su e-mail y eso permitió que nos contactaramos por msn y facebook a mi vuelta. Pasaron más de 2 años. Y nos reencontramos porque ella una vez hizo un comentario gracioso y yo respondí, etc. etc. etc.
En una de esas conversaciones nos mandamos a la mierda mal, creí que ahí se terminaba todo.
Y hoy volvimos a hablar, una conversación como cariñosa. Increiblemente en esta y la otra charla, primero yo y luego ella, compartimos "el" secreto. Me dieron ganas de abrazarla.
Ella va a estar en Nueva York en 3 semanas, va a tocar en el Radio City. Estuve ahí mismo hace más o menos 3 meses. Yo iba a ir pero más adelante, que hago, modifico los planes para encontrarme con ella?
Si tuviera esperanza de que algo copado está por pasar, sería muy ñoño?
Esto de pensar que las cosas se pueden dar así, tan de película, es culpa de las películas?
es esto
ni quiero decirlo por lo asquerosamente CURSI que suena, pero básicamente la vida es esto... ese fue el pensamiento y el que sigue es el recuerdo que hoy pesqué del eter. Ella y yo pasamos año nuevo en Luxemburgo.
La música es algo con lo que me reencontre hace poco y siento que acompaña.
La música es algo con lo que me reencontre hace poco y siento que acompaña.
lunes, 14 de septiembre de 2009
musica para el viaje
ya la conocía y me gustaba, pero la aprecié más cuando fui con Chloe a ver The Darjeeling Express... película grandiosa (sorry Alan, no te gustó porque NO LA ENTENDISTE! jaaaaaaaa!).
A mi me hace muy feliz.
A mi me hace muy feliz.
domingo, 13 de septiembre de 2009
debe ser que me pediste un día una canción
Siguiendo el relato de ayer, habiéndome ido a dormir a las 6 de la mañana era obvio que hoy me iban a despertar con el teléfono. Y si, primero llamó mi viejo para decirme que ya me podía prestar el auto (se lo había pedido para ir a lo de una amiga más tarde en la loma del orto--más precisiones adelante), luego llamó la Prima para invitarme a comer a su casa (que rico), luego Charlotte me mandó un mensaje de texto, y luego volvió a llamar la Prima para avisarme que su mamá estaba por acá y que me estaba pasando a buscar. Todo esto sería unicamente folklore si no fuera porque me estaban interrumpiendo un sueño muy lindo! Va a ser difícil explicar sus implicancias. Estabamos Tuchi y yo (mi amiga que fui a visitar) en el restaurant del centro al que siempre vamos a comer cuando estamos en la oficina, ella estaba embarazada (tuvo su bebe hace mas o menos un mes y hoy los fui a visitar) y yo le abrazaba la panza y sonaba canción de cuna de Los Piojos de fondo.
La verdad es que era una situación muy enternecedora, porque yo a Tuchi la quiero un montón, de hecho ella fue una de las primeras que se enteró cuando me dieron la noticia... y vivimos su embarazo juntos en la oficina, yo no la había visto hasta hoy no-embarazada...
El tema es que empezaban a sonar los primeros acordes de la canción y luego como que se cambiaba accidentalmente la música, entonces yo agarraba el control remoto y quería volver a ponerla, y ahí se interrumpía todo porque me sonaba el teléfono de casa, o el celular, o me mandaban un mensaje... etc.
Así empezó el día y una vez de disfrutar el excelente asado que hizo el Tío, acompañé a la Prima a cargar nafta y la conversación que tuvimos mientras se llenaba el tanque se hiló loosely con su comentario "yo no sé si voy a tener hijos, y no quiero estar de novia". Luego aclaró que no quería solo porque sigue enamorada del casado. Dos horas más tarde (una y media de viaje), ya en lo de Tuchi y con su bebé, otro amigo me preguntó: 'Y vos, querés tener hijos?'. La respuesta fue fácil, el recorrido mental y emocional no.
Yo creo que es posible que no me case ni tenga hijos. Pero no sé si mi vida tendría sentido en ese caso. Me la paso diciendo y convenciéndome que uno debe estar preparado para ser feliz cualquiera sean las circunstancias. Pero no estoy seguro de que se pueda.
Algo rescatable es que la canción de los piojos me acompañó todo el día.
La verdad es que era una situación muy enternecedora, porque yo a Tuchi la quiero un montón, de hecho ella fue una de las primeras que se enteró cuando me dieron la noticia... y vivimos su embarazo juntos en la oficina, yo no la había visto hasta hoy no-embarazada...
El tema es que empezaban a sonar los primeros acordes de la canción y luego como que se cambiaba accidentalmente la música, entonces yo agarraba el control remoto y quería volver a ponerla, y ahí se interrumpía todo porque me sonaba el teléfono de casa, o el celular, o me mandaban un mensaje... etc.
Así empezó el día y una vez de disfrutar el excelente asado que hizo el Tío, acompañé a la Prima a cargar nafta y la conversación que tuvimos mientras se llenaba el tanque se hiló loosely con su comentario "yo no sé si voy a tener hijos, y no quiero estar de novia". Luego aclaró que no quería solo porque sigue enamorada del casado. Dos horas más tarde (una y media de viaje), ya en lo de Tuchi y con su bebé, otro amigo me preguntó: 'Y vos, querés tener hijos?'. La respuesta fue fácil, el recorrido mental y emocional no.
Yo creo que es posible que no me case ni tenga hijos. Pero no sé si mi vida tendría sentido en ese caso. Me la paso diciendo y convenciéndome que uno debe estar preparado para ser feliz cualquiera sean las circunstancias. Pero no estoy seguro de que se pueda.
Algo rescatable es que la canción de los piojos me acompañó todo el día.
5 de la mañana
, vengo de un casamiento que arranco 5 de la tarde, estoy molido pero la pasé muy bien. Voy a ser breve: a) no doy más, b) no traje el cargador de la pc a la cama y si se muere la batería el esfuerzo se va a la basura. No quería desaprovechar este momento-- tuve un par de "iluminaciones" en la fiesta que no quiero dejar pasar. Uno: hay gente que realmente quiero mucho de verdad y ellos no lo saben. Yo estoy para ellos en un 100%. En este caso se trata de dos amigos de la infancia, que vi hoy en la fiesta. Me tuve que esforzar para no abrazarlos con más fuerza para no quedar desubicado (nos vemos una vez por año como mucho y por eventos de amigos en común o del colegio). Esto no significa que los extrañe o que necesite incluirlos en mi vida de todos los días, pero cuando uno siente afecto la primer necesidad es brindarlo-- y es difícil si no los veo ni hablo casi nunca.
De todos modos me alegro porque están muy bien y quiero creer que en el fondo ellos saben que pueden contar conmigo (aunque seguramente si necesitasen algo acudirían a 1000 personas antes que a mí).
La segunda reflexión tiene que ver con la edad y se dio a continuación de una discusión que tuve con Noni el viernes pasado. Ella me contaba como era vivir con la madre cuando se separó, primero de su padre y luego de su novio. Se me vino a la cabeza la serie de Toni Colette cuando es Tee. Más que madre era roommate: inmadura, insegura, desvolada, etc. Hoy en el casamiento habían varias divorciadas que bailaban a la par de sus hijas 20 o 30 años menores, y hasta me pareció ver que les copiaban los pasos. Que terrible es esto. Nuestra sociedad lo condena, a mi también me causa cierto rechazo, pero no sé hasta que punto es inevitable. Es muy complicado de explicar y no se si yo realmente entiendo lo que quiero decir en toda su extensión. El tema es que me da un poco de tristeza pensar que uno no madura por el paso del tiempo, sino por las vivencias que le tocan. Y si a alguien le pasa algo típico de un chico de 10 años por primera vez a los 40 la reacción será igual.
A todo esto me salió una tercera reflexión y de acá voy a sacar la foto de hoy. Me doy cuenta que los nombres ficticios con los que estoy bautizando a mis amigos/as, si bien cumplen en camuflar su identidad, tienen una enorme semejanza con sus nombres o apodos reales. Debo mantener este blog secreto. Sino me va a pasar la de Harry.
De todos modos me alegro porque están muy bien y quiero creer que en el fondo ellos saben que pueden contar conmigo (aunque seguramente si necesitasen algo acudirían a 1000 personas antes que a mí).
La segunda reflexión tiene que ver con la edad y se dio a continuación de una discusión que tuve con Noni el viernes pasado. Ella me contaba como era vivir con la madre cuando se separó, primero de su padre y luego de su novio. Se me vino a la cabeza la serie de Toni Colette cuando es Tee. Más que madre era roommate: inmadura, insegura, desvolada, etc. Hoy en el casamiento habían varias divorciadas que bailaban a la par de sus hijas 20 o 30 años menores, y hasta me pareció ver que les copiaban los pasos. Que terrible es esto. Nuestra sociedad lo condena, a mi también me causa cierto rechazo, pero no sé hasta que punto es inevitable. Es muy complicado de explicar y no se si yo realmente entiendo lo que quiero decir en toda su extensión. El tema es que me da un poco de tristeza pensar que uno no madura por el paso del tiempo, sino por las vivencias que le tocan. Y si a alguien le pasa algo típico de un chico de 10 años por primera vez a los 40 la reacción será igual.
A todo esto me salió una tercera reflexión y de acá voy a sacar la foto de hoy. Me doy cuenta que los nombres ficticios con los que estoy bautizando a mis amigos/as, si bien cumplen en camuflar su identidad, tienen una enorme semejanza con sus nombres o apodos reales. Debo mantener este blog secreto. Sino me va a pasar la de Harry.
sábado, 12 de septiembre de 2009
la verdad estaria bueno
aún corriendo el riesgo de emputecerme por completo, yo sé que es muy cinematográfico... y ok, las cosas en la vida real nunca son tan perfectas... no se me ocurriría hacerlo ni me quedaría tan bien, y seguramente la reacción de ella no sería tan copada... por supuesto faltarían la música de fondo e iluminación acorde...
Pero la verdad estaría bueno querer a alguien y dedicarle algo así.
Pero la verdad estaría bueno querer a alguien y dedicarle algo así.
viernes, 11 de septiembre de 2009
jueves, 10 de septiembre de 2009
about Argentina
I thought it was just about time I made my first post in English, pero la verdad es que el idioma tiene personalidad, y uno adquiere una determinada persona al invocarlo... con mi estado de ánimo creo que hoy no va a poder ser.
I have to admit that I am torn apart by my Argentine and American upbringing. Pero estoy de acuerdo con Beatriz Sarlo: mi corazón, y más que mi corazón, ha sido cautivado por la brutalidad intensa de esta vida.
Hoy me enteré de la investigación sobre políticos, empresarios y sindicalistas involucrados en la adulteración de medicamentos para enfermedades crónicas y terminales. Me comentaron de personas desesperadas, que nunca sabrán si sus seres queridos murieron por causa del destino, o por causa del destino y la locura de estos (u otros) personajes.
Yo soy uno de esos que tienen que llamar todos los meses a la obra social para que les manden los medicamentos. Un mes de mi tratamiento roza los 5 mil dolares, lo cual lo hace extremadamente atractivo para estos malditos. Prefiero confiar en que yo no soy uno de los damnificados, pero la verdad es que mi miedo es una prueba más de que la maldad y la locura, combinada con el desquicio de nuestro país, realmente no tienen límite.
En otro plano confieso que mi sensación con el país es de permanente hastío, leer los diarios me provoca un importante caudal de amargura. Esto se tornó mucho peor a partir de que sus versiones de internet permiten a los lectores dejar sus comentarios y éstos en general son tristemente radicales. Por ejemplo, hoy perdió Argentina en las eliminatorias para el mundial de fútbol, y los comentarios de los lectores van dirigidos a la manga de corruptos que nos gobiernan y generalmente incluyen a (los) Kirchner. Peor todavía, si la noticia es de una mina en pelotas, la gente también se las ingenia para mencionar a "los Argentinos", o peor aún, a Kirchner, Fernández o Moyano.
Nos referimos a nuestra sociedad generalmente en un tono agresivo, self-deprecating... triste, fuera de lugar, miope, destructivo, de muy bajo vuelo moral e intelectual.
Sin embargo, creo que es suficiente leer dos o tres párrafos de Borges o Arlt para empezar a entender el claroscuro de mis sentimientos. Hay algo en esta "desaforada llanura", algo que explica todo, que nos refleja como personas y nos enfrenta a nuestro costado más feroz....
Por eso voy a compartir este pasaje de "Historia del Guerrero y La Cautiva", a mí me genera un enorme placer, y me conecta con esta disyuntiva de una manera inexplicablemente intensa. Como cuando uno siente que se aproxima a la verdad.
I have to admit that I am torn apart by my Argentine and American upbringing. Pero estoy de acuerdo con Beatriz Sarlo: mi corazón, y más que mi corazón, ha sido cautivado por la brutalidad intensa de esta vida.
Hoy me enteré de la investigación sobre políticos, empresarios y sindicalistas involucrados en la adulteración de medicamentos para enfermedades crónicas y terminales. Me comentaron de personas desesperadas, que nunca sabrán si sus seres queridos murieron por causa del destino, o por causa del destino y la locura de estos (u otros) personajes.
Yo soy uno de esos que tienen que llamar todos los meses a la obra social para que les manden los medicamentos. Un mes de mi tratamiento roza los 5 mil dolares, lo cual lo hace extremadamente atractivo para estos malditos. Prefiero confiar en que yo no soy uno de los damnificados, pero la verdad es que mi miedo es una prueba más de que la maldad y la locura, combinada con el desquicio de nuestro país, realmente no tienen límite.
En otro plano confieso que mi sensación con el país es de permanente hastío, leer los diarios me provoca un importante caudal de amargura. Esto se tornó mucho peor a partir de que sus versiones de internet permiten a los lectores dejar sus comentarios y éstos en general son tristemente radicales. Por ejemplo, hoy perdió Argentina en las eliminatorias para el mundial de fútbol, y los comentarios de los lectores van dirigidos a la manga de corruptos que nos gobiernan y generalmente incluyen a (los) Kirchner. Peor todavía, si la noticia es de una mina en pelotas, la gente también se las ingenia para mencionar a "los Argentinos", o peor aún, a Kirchner, Fernández o Moyano.
Nos referimos a nuestra sociedad generalmente en un tono agresivo, self-deprecating... triste, fuera de lugar, miope, destructivo, de muy bajo vuelo moral e intelectual.
Sin embargo, creo que es suficiente leer dos o tres párrafos de Borges o Arlt para empezar a entender el claroscuro de mis sentimientos. Hay algo en esta "desaforada llanura", algo que explica todo, que nos refleja como personas y nos enfrenta a nuestro costado más feroz....
Por eso voy a compartir este pasaje de "Historia del Guerrero y La Cautiva", a mí me genera un enorme placer, y me conecta con esta disyuntiva de una manera inexplicablemente intensa. Como cuando uno siente que se aproxima a la verdad.
En la página 278 del libro La poesía (Bari, 1942), Croce, abreviando un texto latino del historiador Pablo el Diácono, narra la suerte y cita el epitafio de Droctulft; éstos me conmovieron singularmente, luego entendí por qué. Fue Droctulft un guerrero lombardo que en el asedio de Ravena abandonó a los suyos y murió defendiendo la ciudad que antes había atacado. Los raveneses le dieron sepultura en un templo y compusieron un epitafio en el que manifestaron su gratitud (“contespsit caros, dum nos amat ille, parentes”) y el peculiar contraste que se advertía entre la figura atroz de aquel bárbaro y su simplicidad y bondad:
Terribilis viste facies mente benignus,
Longaque robusto pectores barba fuit!
Longaque robusto pectores barba fuit!
Tal es la historia del destino de Droctulft, bárbaro que murió defendiendo a Roma, o tal es el fragmento de su historia que pudo rescatar Pablo el Diácono. Ni siquiera sé en qué tiempo ocurrió: si al promediar el siglo VI, cuando los longobardos desolaron las llanuras de Italia, o si en el VIII, antes de la rendición de Ravena. Imaginemos (éste no es un trabajo histórico) lo primero.
Imaginemos, sub specie aeternitatis, a Droctulft, no al individuo Droctulft, que sin duda fue único e insondable (todos los individuos lo son), sino al tipo genérico que de él y de otros muchos como él ha hecho la tradición, que es obra del olvidó y de la memoria. A través de una oscura geografía de selvas y de ciénagas, las guerras lo trajeron a Italia, desde las márgenes del Danubio y del Elba, y tal vez no sabía que iba al Stir y tal vez no sabía que guerreaba contra el nombre romano. Quizá profesaba el arrianismo, que mantiene que la gloria del Hijo es reflejo de la gloria del Padre, pero más congruente es imaginarlo devoto de la Tierra, de Hertha, cuyo ídolo tapado iba de cabaña en cabaña en un carro tirado por vacas, o de los dioses de la guerra y del trueno, que eran torpes figuras de madera, envueltas en ropa tejida y recargadas de monedas y ajorcas. Venía de las selvas inextricables del jabalí y del uro; era blanco, animoso, inocente, cruel, leal a su capitán y a su tribu, no al universo. Las guerras lo traen a Ravena y ahí ve algo que no ha visto jamás, o que no ha visto con plenitud. Ve el día y los cipreses y el mármol. Ve un conjunto, que es múltiple sin desorden; ve una ciudad, un organismo hecho de estatuas, de templos, de jardines, de habitaciones, de gradas, de jarrones, de capiteles, de espacios regulares y abiertos. Ninguna de esas fábricas (lo sé) lo impresiona por bella; lo tocan como ahora nos tocaría una maquínaria compleja, cuyo fin ignoráramos, pero en cuyo diseño se adivinara una inteligencia inmortal. Quizá le basta ver un solo arco, con una incomprensible inscripción en eternas letras romanas. Bruscamente lo ciega y lo renueva esa revelación, la Ciudad. Sabe que en ella será un perro, o un niño, y que no empezará siquiera a entenderla, pero sabe también que ella vale más que sus dioses y que la fe jurada y que tódas las ciénagas de Alemania. Droctulft abandona a los suyos y pelea por Ravena. Muere, y en la sepultura graban palabras que él no hubiera entendido:
Imaginemos, sub specie aeternitatis, a Droctulft, no al individuo Droctulft, que sin duda fue único e insondable (todos los individuos lo son), sino al tipo genérico que de él y de otros muchos como él ha hecho la tradición, que es obra del olvidó y de la memoria. A través de una oscura geografía de selvas y de ciénagas, las guerras lo trajeron a Italia, desde las márgenes del Danubio y del Elba, y tal vez no sabía que iba al Stir y tal vez no sabía que guerreaba contra el nombre romano. Quizá profesaba el arrianismo, que mantiene que la gloria del Hijo es reflejo de la gloria del Padre, pero más congruente es imaginarlo devoto de la Tierra, de Hertha, cuyo ídolo tapado iba de cabaña en cabaña en un carro tirado por vacas, o de los dioses de la guerra y del trueno, que eran torpes figuras de madera, envueltas en ropa tejida y recargadas de monedas y ajorcas. Venía de las selvas inextricables del jabalí y del uro; era blanco, animoso, inocente, cruel, leal a su capitán y a su tribu, no al universo. Las guerras lo traen a Ravena y ahí ve algo que no ha visto jamás, o que no ha visto con plenitud. Ve el día y los cipreses y el mármol. Ve un conjunto, que es múltiple sin desorden; ve una ciudad, un organismo hecho de estatuas, de templos, de jardines, de habitaciones, de gradas, de jarrones, de capiteles, de espacios regulares y abiertos. Ninguna de esas fábricas (lo sé) lo impresiona por bella; lo tocan como ahora nos tocaría una maquínaria compleja, cuyo fin ignoráramos, pero en cuyo diseño se adivinara una inteligencia inmortal. Quizá le basta ver un solo arco, con una incomprensible inscripción en eternas letras romanas. Bruscamente lo ciega y lo renueva esa revelación, la Ciudad. Sabe que en ella será un perro, o un niño, y que no empezará siquiera a entenderla, pero sabe también que ella vale más que sus dioses y que la fe jurada y que tódas las ciénagas de Alemania. Droctulft abandona a los suyos y pelea por Ravena. Muere, y en la sepultura graban palabras que él no hubiera entendido:
Contempsit caros, dum nos amat ille, parentes,
Hanc patriam reputans esse, Ravenna, sham.
Hanc patriam reputans esse, Ravenna, sham.
No fue un traidor (los traidores no suelen inspirar epitafios piadosos); fue un iluminado, un converso. Al cabo de unas cuantas generaciones, los longobardos que culparon al tránsfuga procedieron como él; se hicieron italianos; lombardos y acaso alguno de su sangre —Aldiger— pudo engendrar a quienes engendraron al Alighieri... Muchas conjeturas cabe aplicar al acto de Droctulft; la mía es la más económica; si no es verdadera como hecho, lo será como símbolo.
Cuando leí en el libro de Croce la historia del guerrero, ésta me conmovió de manera insólita y tuve la impresión de recuperar, bajo forma diversa, algo que había sido mío. Fugazmente pensé en los jinetes mogoles que querían hacer de la China un infinito campo de pastoreo y luego envejecieron en las ciudades que habían anhelado destruir; no era ésta la memoria que yo buscaba. La encontré al fin; era un relato que le oí alguna vez a mi abuela inglesa, que ha muerto.
En 1872 mi abuelo Borges era jefe de las fronteras Norte y Oeste de Buenos Aires y Sur de Santa Fe. La comandancia estaba en Junín; más allá, a cuatro o cinco leguas uno de otro, la cadena de los fortines; más allá, lo que se denominaba entonces la Pampa y también Tierra Adentro. Alguna vez, entre maravillada y burlona, mi abuela comentó su destino de inglesa desterrada a ese fin del mundo; le dijeron que no era la única y le señalaron, meses después, una muchacha india que atravesaba lentamente la plaza. Vestía dos mantas coloradas e iba descalza; sus crenchas eran rubias. Un soldado le dijo que otra inglesa quería hablar con ella. La mujer asintió; entró en la comandancia sin temor, pero no sin recelo. En la cobriza cara, pintarrajeada de colores feroces, los ojos eran de ese azul desganado que los ingleses llaman gris. El cuerpo era ligero, como de cierva; las manos, fuertes y huesudas. Venía del desierto, de Tierra Adentro y todo parecía quedarle chico: las puertas, las paredes, los muebles.
Quizá las dos mujeres por un instante se sintieron hermanas, estaban lejos de su isla querida y en un increíble país. Mi abuela enunció alguna pregunta; la otra le respondió con dificultad, buscando las palabras y repitiéndolas, como asombrada de un antiguo sabor. Haría quince años que no hablaba el idioma natal y no le era fácil recuperarlo. Dijo que era de Yorkshire, que sus padres emigraron a Buenos Aires, que los había perdido en un malón, que la habían llevado los indios y que ahora era mujer de un capitanejo, a quien ya había dado dos hijos y que era muy valiente. Eso lo fue diciendo en un inglés rústico, entreverado de araucano o de pampa, y detrás del relato se vislumbraba una vida feral: los toldos de cuero de caballo, las hogueras de estiércol, los festines de carne chamuscada o de vísceras crudas, las sigilosas marchas al alba; el asalto de los corrales, el alarido y el saqueo, la guerra, el caudaloso arreo de las haciendas por jinetes, desnudos, la poligamia, la hediondez y la magia. A esa barbarie se había rebajado una inglesa. Movida por la lástima y el escándalo, mi abuela la exhortó a no volver. Juró ampararla, juró rescatar a sus hijos. La otra le contestó que era feliz y volvió, esa noche, al desierto. Francisco Borges moriría poco después, en la revolución del 74; quizá mi abuela, entonces, pudo percibir en la otra mujer, también arrebatada y transformada por este continente implacable, un espejo monstruoso de su destino...
Todos los años, la india rubia solía llegar a las pulperías de Junín, o del Fuerte Lavalle, en procura de baratijas y “vicios”; no apareció, desde la conversación con mi abuela. Sin embargo, se vieron otra vez. Mi abuela había salido a cazar; en un rancho, cerca de los bañados, un hombre degollaba una oveja. Como en un sueño, pasó la india a caballo. Se tiró al suelo y bebió la sangre caliente. No sé si lo hizo porque ya no podía obrar de otro modo, o como un desafío y un signo.
Mil trescientos años y el mar median entre el destino de la cautiva y el destino de Droctulft. Los dos, ahora, son igualmente irrecuperables. La figura del bárbaro que abraza la causa de Ravena, la figura de la mujer europea que opta por el desierto, pueden parecer antagónicos. Sin embargo, a los dos los arrebató un ímpetu secreto, un ímpetu más hondo que la razón, y los dos acataron ese ímpetu que no hubieran sabido justificar. Acaso las historias que he referido son una sola historia. El anverso y el reverso de esta moneda son, para Dios, iguales.
Cuando leí en el libro de Croce la historia del guerrero, ésta me conmovió de manera insólita y tuve la impresión de recuperar, bajo forma diversa, algo que había sido mío. Fugazmente pensé en los jinetes mogoles que querían hacer de la China un infinito campo de pastoreo y luego envejecieron en las ciudades que habían anhelado destruir; no era ésta la memoria que yo buscaba. La encontré al fin; era un relato que le oí alguna vez a mi abuela inglesa, que ha muerto.
En 1872 mi abuelo Borges era jefe de las fronteras Norte y Oeste de Buenos Aires y Sur de Santa Fe. La comandancia estaba en Junín; más allá, a cuatro o cinco leguas uno de otro, la cadena de los fortines; más allá, lo que se denominaba entonces la Pampa y también Tierra Adentro. Alguna vez, entre maravillada y burlona, mi abuela comentó su destino de inglesa desterrada a ese fin del mundo; le dijeron que no era la única y le señalaron, meses después, una muchacha india que atravesaba lentamente la plaza. Vestía dos mantas coloradas e iba descalza; sus crenchas eran rubias. Un soldado le dijo que otra inglesa quería hablar con ella. La mujer asintió; entró en la comandancia sin temor, pero no sin recelo. En la cobriza cara, pintarrajeada de colores feroces, los ojos eran de ese azul desganado que los ingleses llaman gris. El cuerpo era ligero, como de cierva; las manos, fuertes y huesudas. Venía del desierto, de Tierra Adentro y todo parecía quedarle chico: las puertas, las paredes, los muebles.
Quizá las dos mujeres por un instante se sintieron hermanas, estaban lejos de su isla querida y en un increíble país. Mi abuela enunció alguna pregunta; la otra le respondió con dificultad, buscando las palabras y repitiéndolas, como asombrada de un antiguo sabor. Haría quince años que no hablaba el idioma natal y no le era fácil recuperarlo. Dijo que era de Yorkshire, que sus padres emigraron a Buenos Aires, que los había perdido en un malón, que la habían llevado los indios y que ahora era mujer de un capitanejo, a quien ya había dado dos hijos y que era muy valiente. Eso lo fue diciendo en un inglés rústico, entreverado de araucano o de pampa, y detrás del relato se vislumbraba una vida feral: los toldos de cuero de caballo, las hogueras de estiércol, los festines de carne chamuscada o de vísceras crudas, las sigilosas marchas al alba; el asalto de los corrales, el alarido y el saqueo, la guerra, el caudaloso arreo de las haciendas por jinetes, desnudos, la poligamia, la hediondez y la magia. A esa barbarie se había rebajado una inglesa. Movida por la lástima y el escándalo, mi abuela la exhortó a no volver. Juró ampararla, juró rescatar a sus hijos. La otra le contestó que era feliz y volvió, esa noche, al desierto. Francisco Borges moriría poco después, en la revolución del 74; quizá mi abuela, entonces, pudo percibir en la otra mujer, también arrebatada y transformada por este continente implacable, un espejo monstruoso de su destino...
Todos los años, la india rubia solía llegar a las pulperías de Junín, o del Fuerte Lavalle, en procura de baratijas y “vicios”; no apareció, desde la conversación con mi abuela. Sin embargo, se vieron otra vez. Mi abuela había salido a cazar; en un rancho, cerca de los bañados, un hombre degollaba una oveja. Como en un sueño, pasó la india a caballo. Se tiró al suelo y bebió la sangre caliente. No sé si lo hizo porque ya no podía obrar de otro modo, o como un desafío y un signo.
Mil trescientos años y el mar median entre el destino de la cautiva y el destino de Droctulft. Los dos, ahora, son igualmente irrecuperables. La figura del bárbaro que abraza la causa de Ravena, la figura de la mujer europea que opta por el desierto, pueden parecer antagónicos. Sin embargo, a los dos los arrebató un ímpetu secreto, un ímpetu más hondo que la razón, y los dos acataron ese ímpetu que no hubieran sabido justificar. Acaso las historias que he referido son una sola historia. El anverso y el reverso de esta moneda son, para Dios, iguales.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
arte callejero
hace dos años no tengo auto y descubrí un mundo nuevo.
Me quedo mirando las cosas más estúpidas, desde la puerta de un lugar por el que pasé mil veces hasta los stencils reaccionarios (tipo blood 4 oil) o burlones (hello kirchner, goma eva, etc.)
No tengo fotos de los mencionados, pero encontré esta que me parece genial.
buenisimo.
Me quedo mirando las cosas más estúpidas, desde la puerta de un lugar por el que pasé mil veces hasta los stencils reaccionarios (tipo blood 4 oil) o burlones (hello kirchner, goma eva, etc.)
No tengo fotos de los mencionados, pero encontré esta que me parece genial.
buenisimo.
martes, 8 de septiembre de 2009
call me from jamaica...
This here is the place I will be staying
There isn't a number. you can call the pay phone
Let it ring a long, long, long, long time
If I dont pick up, hang up, call back, let it ring some more
If I dont pick up, pick up,
The sidewinder sleeps, sleeps, sleeps in a coil
(chorus)
Call me when you try to wake her up
(call me when you try to wake her)
Call me when you try to wake her up
(call me when you try to wake her)
Call me when you try to wake her up
(call me when you try to wake her)
There are scratches all around the coin slot
Like a heartbeat, baby, trying to wake up,
But this machine can only swallow money
You cant lay a patch by computer design
Its just a lot of stupid, stupid signs
Tell her,
Tell her she can kiss my ass,
Then laugh and say that you were only kidding
That way she'll know that its really, really, really, really me, me
(repeat chorus)
Baby, instant soup doesnt really grab me
Today I need something more sub-sub-sub-substantial
A can of beans or blackeyed peas, some nescafe and ice,
A candy bar, a falling star, or a reading of doctor seuss
(repeat chorus)
The cat in the hat came back, wrecked a lot of havoc on the way,
Always had a smile and a reason to pretend
But their world has flat backgrounds
And little need to sleep but to dream
The sidewinder sleeps on his back
Call me when you try to wake her up
(call me when you try to wake her)
Call me when you try to wake her up
(call me when you try to wake her)
I can always sleep standing up
(call me when you try to wake her)
Call me when you try to wake her up
(call me when you try to wake her)
Call me when you try to wake her up
(call me when you try to wake her)
I can always sleep standing up
(call me when you try to wake her)
Call me when you try to wake her up
(call me when you try to wake her)
I can always sleep standing up
(call me when you try to wake her)
I can always sleep standing up
(call me when you try to wake her)
We've got to moogie, moogie, move on this one..
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