pero ella está como loca con el casado.
Voy a hacer un intento con el relato I.
No sabía que ella sabía. Pero claramente sabía. Pasamos por el Jäger, ella se ensañó con su fachada. Se dio vuelta y me miró. Nos separaban unos 50 metros y me detuve. Clavó su mirada en la mía, y prendió un cigarrillo, disfrutando visiblemente cada pitada. Al terminar su cigarrillo bajó la cabeza, para luego volver a mostrármela desfigurada, cansada, triste.
En ese bar pasé una noche entera, borracho y claramente bajo efectos del hachis. Fue todo una locura. Femke era una de las ingenieras de sonido del estudio, para nada hermosa, pero sí muy sexual. Lo hicimos muchas veces, con cierta violencia, sin asco, como animales. Yo terminé desnudo en el piso, por la mañana el dueño del bar (con quien tenía una ligera amistad) me despertó a las patadas. En general él me permitía dormir en el bar cuando me echaban de casa, pero esta vez habíamos roto sillas, tomado varias botellas de vodka y ni hablar de los actos de exhibicionismo que ocurrieron durante la noche. Vomité en el momento que recobré la conciencia. Fue demasiado, pero no me arrepiento. Había tenido la mejor noche de sexo de mi vida y el recuerdo era mío para siempre.
Me remordió la conciencia el hecho de no sentir culpa o vergüenza: tomé coraje y fui a su encuentro. Estando más cerca pude distinguir una lágrima. Eran más de una. La abracé y nos besamos.
domingo, 4 de octubre de 2009
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