domingo, 4 de octubre de 2009

acto de entrega

es el de una madre que da a luz, un hermano que te dona un órgano, ok, todos esos que sin duda lo son... pero en este caso me refiero al acto de confiarle tu cabeza a un peluquero. Desde el momento que te ponen la capa sabés que estás librado a tu suerte. Puede que el tipo te pregunte lo que querés, pero es difícil que le importe. Para colmo es mucho más difícil siendo hombre: si vas a una peluquería muuuuy de barrio, ok, sos el macho de américa (hablás de futbol y de fondo suena tango o radio AM), pero te cortan como el orto. Si vas a una fashion, donde la recepcionista está buenísima y te corta un mariposón que te elogia el volúmen del pelo, te sentís en la antesala de la homosexualidad. Las opciones en el medio son una mezcla peligrosa de ambas.

De chico mi viejo me llevaba a una peluquería que se llamaba Apolo XI, en urquiza. No me gustaba para nada el corte, pero tampoco sabía como explicar lo quería. Ni me importaba demasiado. Luego empecé ir yo por mis medios a una cerca de casa, y este peluquero (cincuentón medio cachocastañesco, de los que viven bronceados--silla de jardín en la vereda incluída) tenía mucha más onda y al menos no me asesinaba con el corte. Luego tuve una etapa de peluquería fashion (influenciado por Valeria) pero eso duró poco. Al volver a mi peluquería de barrio ya no estaba el metrosexual, sino el hijo. Un maestro: hablábamos de boliches de moda, de minas, culos y tetas mientras hojeabamos la revista Hombre... pero del pelo ni hablar... un desastre!

Parece que éste es un tema que no se va a solucionar tan fácil en mi vida. Yo quisiera tener un lugar para ir en forma automática. Es decir, que el día que me miro en el espejo y concluyo que me tengo que cortar, se me venga la imagen a la cabeza y saber perfectamente lo que tengo que hacer.

Hoy a la mañana hablé con Manuel, estaba tan al pedo como yo, cuando le conté que me tenía que cortar el pelo él me dijo que estaba en la misma y decidimos ir juntos. Fui a su casa, tomamos mate y fumamos. La peluquería está a unas tres cuadras, no más de 3 por 3, un tipo solo con un sillón. Cuando le vi la cara (medio de débil mental) tuve miedo, pero el flaco resultó ser un fenómeno. Respecto del pelo, zafa.

Este podría funcionar, pero está lejos.

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