sábado, 3 de octubre de 2009

abrazos rotos

El abrazo se rompió junto con mi inocencia.

Recolecté mis pertenencias, desparramadas por el hall todas, y me fui, caminando, miré el cementerio de lejos pero me resistí a entrar--no permitiría que la escena se contamine con cine. Caminé hacia Strausberger Platz. Ahí me tiré al pasto y pensé en mi vida, pensé en mí con 12 años en la bañadera que ya me empezaba a quedar chica... recordé las carreras de 100 metros llanos en el colegio... en la indecisión que me hizo empezar un día ingeniería y luego abandonar por periodismo, mientras me resignaba a la falta de talento en el taller de teatro del Teatro.

El contraste. El soñador, el tipo bonachón que todos quieren, el que observa todo con una óptica benevolente o a lo sumo burlona... y el que al mismo tiempo corre el riesgo de no tomar su vida en serio, de no hacer jamás los sacrificios necesarios para crecer. Una persona que despierta afectos infantiles, básicos... Yo, el mismo que decidió tomar la vida por sus riendas y escapar. No fue este un acto de madurez tanto como de inconsciencia. No pude evitar sentirme un irresponsable con el nacimiento de Hans. Pero tampoco pude acallar mi alegría. Pensé que si nos hubiésemos tomado más tiempo, las cosas hubieran sido distintas... funcionarían. Inez no me odiaría (me odia?) por inconsciente e inimputable, y por regalarle una responsabilidad enorme en un paquete demasiado hermoso para rechazar. Aunque los sentimientos de culpa duraban poco: tenía absoluta certeza que esta vida (sin importar cuán mala) era la mejor de todas las infinitas potenciales. Si por un minuto hubiese tomado el camino de la razón, la rebelión de mi alma hubiese desembocado en el peor de los escenarios, una vida gris. O blanca, o azul, no importa, monocromática.

Cruzamos la calle y la plaza nos miró de reojo, con una media sonrisa, como quién sonríe ante una profecía cumplida. A pocos metros nos encontramos con el estudio donde Hans vomitó--siempre tendré la duda si fue el humo de la marihuana--y obtuve mi primer trabajo regular.

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