miércoles, 30 de septiembre de 2009

quiero

estar de vacaciones y no ocuparme de más nada que la ruta.

porque en la ruta me siento libre.


martes, 29 de septiembre de 2009

el fin de semana

tuve un casamiento (buenísimo) y luego pasé el día con La Prima, creí que las ganas de escribir se iban apagando (30 posts y poca repercusión--por suerte) pero no. La inspiración revivió con más fuerza. Por eso creo que es hora que les presente a otro de mis personajes reales. Es el turno de Paula.



Paula trabaja conmigo. Hasta hace no mucho eramos compañeros de trabajo, pero a mi me ascendieron y a ella le dieron mi puesto. En ese momento ella estaba con su novio (triste intento de) y lejos de ser un obstáculo esto era un enorme aliciente para su actitud histérica. Paula se hacía la sensual y pobrecita con todos los hombres. Es linda, sin duda, ella en algún momento fue conciente de ello y empezó a aprovecharlo a todo vapor. Cambió su guardarropas (de linda pasó a infernal), su actitud (de tímida y retraída pasó a tímida e insinuante) y paseó por el escritorio de cada hombre soltero y desesperado (lamentablemente formo parte de este grupo). Yo le tiré mil centros, pero no tengo mucha paciencia para estas cosas: cabe aclarar que luego de mi experiencia con Ella quedé marcado a fuego. Es por esto que nunca llegué demasiado lejos: Paula te deja poner primera pero apaga el motor ni bien amagás a hacer el cambio.

Un día ocurrió: se peleó con su novio, con quien compartía departamento e inversiones. Valiente de su parte. Entonces yo arranqué el auto en segunda: la invité a salir con claras intenciones. En las tres salidas que tuvimos la pasé muy bien, y sentí que ella se abría a un nivel interesante. Pero todas terminaron igual, cuando le quise dar un beso ella se negó. En la última, que fue cuando más insistente me puse, nos separamos en términos difusos. Yo la dejé en la puerta de su departamento de alquiler temporario rumbo a la parada del 60 sin un chau. Las cosas parecían quebradas (anche rotas) y decidí no insistir más.

Luego de un mes y medio de viaje por trabajo, me ilusioné pensando en el cerrar de heridas, y la volví a invitar a salir. Ella me ganó de mano diciendo que estaba dispuesta a tener una salida de amigos siempre que no la obligue a pasar por los desenlaces desagradables de las instancias anteriores. Entonces me negué: yo ya le había dicho que me encantaba y que no estaba dispuesto a bajar los brazos. Mi coherencia y credibilidad son valores que no pienso defraudar ante situaciones relativamente insignificantes.

Luego vino el tema de mi enfermedad y mi sensibilidad creció a costas de mi orgullo. Retomé el contacto, pero a un nivel mucho más inocente. No sé por qué, tal vez para llenar un vacío e ilusionarme de que, a falta de una relación amorosa, al menos tenía un interés amoroso. Y si, ella me encanta, su pasión por la fotografía y el cine son claramente items que suman... pero si no va, no va.

En el casamiento nos vimos, ella como siempre estaba hermosa y sola. Volví al ruedo, otra vez sin éxito.

Se terminó. Yo no creo estar en una situación en la que pueda soportar el rechazo, y mucho menos en situaciones generadas por mí. A veces pienso que hubiese sido mejor que ella me siguiera el juego y se prestara a un histeriqueo de los que estoy bien acostumbrado. Pero lo pienso una vez más y es totalmente evidente que no. Es hora de encontrar algo real, inspirador, superador.

En el marco de estas definiciones decidí enfriar mi amistad con Charlotte. Yo tengo totalmente claro que ella es mi amiga y eso es todo lo que somos. Pero no puedo seguir ignorando el lugar que ella me ofrece en repetidas oportunidades. Para ser franco, no quiero que nadie tenga derecho a sospechar (aún no siendo mi culpa) de que estoy pasando un mensaje que luego no se condice con mis acciones. Me estresa pensar que soy parte importante de su vida social y que esto puede generar una situación de abandono parcial-- pero uno no debe ser condescendiente con sus afectos y creo firmemente que ella sabrá llenar el vacío con otras personas u ocupaciones. Tal vez hasta se sienta más motivada para buscar una pareja. Es un poco vergonzante decir estas cosas porque suponen cierto enaltecimiento... pero tener un blog con identidad secreta--que practicamente NADIE lee--le da a uno estos beneficios. Yo sospecho que Charlotte está dandole en muchos aspectos a nuestra relación el lugar de una verdadera relación. A mí no me sirve y mucho menos a ella.

Hoy no me pregunto por qué hay tantas y tan buenas razones que explican mi soledad. Hoy me enojo ante ellas, y quiero transitar el camino de refutarlas.

Pero no me ilusiono. No es la primera vez.

lunes, 28 de septiembre de 2009

confieso y continúo

Empecé el relato I con un montón de sensaciones muy nítidas, pero sin rumbo. Pero ayer ocurrió, estaba releyendo unas partes de the unbearable lightness of being y la historia tomó cuerpo. Vi los personajes, los sentí, los escuché, vestí su ropa. Hablé por ellos, sentí por ellos. La motivación necesaria para seguir. Veremos qué tal la incursión de hoy.


En la sexta cuadra el silencio se interrumpió, y quizás también el tiempo. Era ella. Noté que los cuatro años de separación dejaron unos 10 años de rastro en su rostro y expresión. Nuestras miradas se cruzaron y la cámara se ubico entre nosotros, equidistante, ejercitando el plano y contraplano. Mi cuerpo entró en cortocircuito- falló la rodilla izquierda y el sonido de acople se clavó en mis oídos. Ella acumuló fuerza y vergüenza, y continuó su marcha. La dejé dar sus primeros pasos, sólo para poder elegir si seguirla o continuar en la dirección contraria.


Cuatro años. Unos meses más que mi hijo. Unos meses menos que la muerte de mi padre. Inez me dio la espalda (es su estilo), con sus estilizados hombros y su pelo recogido reminiscentes de su anterior belleza. Ese momento se perpetuó y los recuerdos me transitaron con la velocidad de un rayo--y con la misma violencia. Entonces la seguí. Y ella lo supo desde ese mismo momento, o al menos eso pienso yo, porque en su dantesco recorrido no se privó de mostrarme, uno por uno, todos los lugares que habían marcado mi vida en los últimos años.


Supongamos que los primeros fueron ocasionales (estábamos a poca distancia), igualmente fueron de los más significativos. En el parque Federico (al llegar me resultó imposible pronunciar el nombre y así lo bauticé) me encontré con un mar de recuerdos, principalmente de soledad y reflexión. Nuestra primera habitación se ubicaba en la zona, y el parque era parte obligada de mi recorrida aeróbica de todas las mañanas. Entre sus árboles y caminos corrí, grité, lloré, corrí más fuerte... era en esas mañanas, cuando la impotencia se sobreponía a cualquier otro sentimiento, cuando exigía mi cuerpo al máximo. Recordé esa mañana en la que algo falló--al día de hoy no sé que--y caí rendido en la grava del camino. Era muy temprano y nadie lo vio. El alma volvió al cuerpo y pude reincorporarme en pocos minutos, sólo para seguir corriendo a casa. En uno de sus bancos había tallado la frase "mierda" durante una de nuestras discusiones. También hubo momentos felices, cuando la convencí de practicar en el parque mientras yo la miraba y admiraba (mate en mano). Hubo una siesta abrazados, en la que ella me despertó y estábamos ambos temblando de frío. Su pasto me acarició más de una vez, con Gustavo Cerati sonando en mis oídos.


En retrospectiva, mi vida ha sido una progresión de claroscuros--ninguno más intenso que el nacimiento de mi hijo Hans. No hubo tiempo para recordar más momentos en el parque, antes de lo previsto estabamos de frente a la clínica.


Inez me permitió estar durante su nacimiento, por supuesto a una distancia prudencial. En su compleja mente, de este modo ella estaría a salvo. Mi enorme emoción y la horrible situación en la que me encontraba dieron mucho trabajo a mis ojos, pero relevaron al resto de mis sentidos. Por momentos me sentí flotar, y juro que hubo instantes en que mis pies se despegaron del suelo. Lo que estaba ocurriendo unos pisos más arriba era todo lo que había soñado, pero en un contexto inimaginable y feroz. Mi vida para ese entonces ya había cambiado, pero desde mi niñez hubo miedos que no me abandonaron nunca. Mi estilo de vida solitario alimentó durante un buen tiempo el fantasma de no formar jamás una familia, de no tener descendencia. De a poco lo fui superando, y cuando supe del embarazo de Inez (ya inocultable) creí que, como en la mayoría de los casos, la generosidad del universo se mostraría incompleta: sería una mujer.


Pero no. Era un varón. En esa ecografía tuve un ataque de felicidad y ansiedad por el que valió la pena hasta ese momento la vida. Inez lloraba, entre miedo y emoción. Sin duda éste era un hecho inesperado, pero mentiría si dijera que no lo deseaba. En cada vez que el alcohol o las ganas de reconciliarnos hacían indeseables los cuidados, yo acababa con más fuerza, sintiendo la felicidad y satisfacción del deber cumplido. En esos momentos yo estaba demasiado concentrado en mí, y es por eso que desconozco cuál era su reacción. Sí sé que al día siguiente sus nervios estaban notablemente crispados, frecuentemente se despertaba temprano a limpiar lo que sea (platos, baños, pisos) e indefectiblemente me despertaba con el sonido de un golpe. En un principio yo hacía lo posible para modificar su humor y compartir mi alegría juntos. Pero su indiferencia alimentó mi egoísmo y ante estas situaciones me aferraba a mi alegría con tal fuerza que era imposible borrarme la sonrisa de la cara.


Yo tenía 20 años y ella 26. Ella tenía una promisoria carrera de violinista, y yo nada que perder. Yo soñaba con un hijo varón, ella le tenía pánico a todo ser de sexo masculino.


Yo era feliz.


Hans nació un 15 de noviembre, dos semanas prematuro, luego de un parto complicado y tres meses de reposo absoluto de Inez. Su embarazo se complicó, y todos los martes y jueves cuando se veía forzada a abandonar sus ensayos lloraba. Me decía que ella no era nadie sin su música, y que no habría futuro para ninguno de los tres si ella no triunfaba como violinista. Que había hecho enormes sacrificios (y me consta) por su carrera. Que la edad ya le estaba empezando a jugar en contra, y rogaba que la ayude en la crianza de nuestro hijo para que no haya sido todo en vano. El contraste es enorme con lo que ocurrió meses después. Por esto, y por todo lo demás, cuando supe que mi hijo vivía, su madre también, que mi futuro y el suyo eran por igual inciertos, y que la alegría sólo podía ser comparada con la enorme incertidumbre del futuro, lloré, grité... al punto que dos enfermeras (cuasimilitares ambas) se apiadaron de mí y me abrazaron. Terminamos los tres en el piso.

domingo, 27 de septiembre de 2009

y... continuemos

La lluvia inspiradora de la noche se había transformado en un cielo cubierto blanco, pero de ese blanco que encandila los ojos y los sentidos. Transité las seis primeras cuadras en silencio absoluto, concentrado en registrar el irregular transcurso del tiempo. Aquí me habían traído la inocencia y la magia, la inmadurez y la pasión. Imposible no sentir un dejo de frustración por no poder descifrar la enorme cantidad de mensajes que el mundo me estaba dando a gritos. Peor aún intuir que el mundo me observaba con cierta indiferencia y que mensajes no habían, o no eran para mí.


El cuerpo alberga misterios. La mecánica del andar es sorprendente--no es necesario invertir un gramo de energía psíquica para coordinar los movimientos que a uno lo transportan. El ritmo acompaña la escena como una percusión inaudible. Menos misteriosa (o más trazable) es la cadena de hechos que explican mi soledad y aislamiento en esta increíble ciudad. Esto no implica que los sucesos que se desencadenaron desde mi llegada hayan sido previsibles u ordinarios. Llegué a esta ciudad porque... me cuesta decirlo, porque suena espantosamente cursi, pero sí, vine decidido a encontrar el amor. Pero no para que nos encontremos en una escena romántica, con velas aromáticas y luz tenue: vine para reírme con él, para perseguirlo y tirarle la gorra. Porque nos conocimos en mi Buenos Aires natal, ella formaba parte de una orquesta y las vicisitudes de su gira la acercaron al Teatro Colón, donde yo hacía mis primeros pesos arriando turistas por sus pasillos.


Su pasión era (yo creo que sigue siendo) el violín. Pero no fue en ese entorno que nos conocimos sino borrachos en un bar de San Telmo, ella estaba tímidamente fuera de control y no ignoraba las sucesivas rondas de vodka. Para mí el flechazo fue instantáneo. Claro que estamos hablando de un niño altamente hormonal a la edad de diecinueve. Su belleza me dejó pasmado, por lo poco estereotípica. Lo intenté, pero ella nunca me creyó que la encontraba hermosa. Hice todo lo posible para darle un beso... ella guardaba un rencor hacia todo el género masculino. Incluso creo que la besé, pero dadas las circunstancias ni siquiera puede esto adquirir carácter anecdótico.


La perseguí. Usaba el teléfono del despacho del jefe (donde no estaban bloqueadas las llamadas de larga distancia) y no hubo teatro en el que su compañía se presentara en el que no le haya dejado un mensaje elogioso. La sorpresa fue cuando una mañana me saludó Jorge y en un papelito sucio, como los que usan en las pizzerías (grasa y pinchadura incluídas) me dijo que había recibido un mensaje para mí. Era su teléfono. A partir de ese entonces hablamos casi todas las semanas. Lo fastuoso del teatro y lo dramático de sus presentaciones me transfundieron lo lírico y en cada comunicación le juré amor eterno, para su gracia y desconcierto. Fue entonces cuando ella me dijo (con mucha razón) que jamás podría ser el amor de mi vida estando a decenas de miles de kilómetros de distancia.


Entonces me fui, con las dos manos detrás, sorprendido de que todos mis objetos de valor cabían en una minúscula valija. No tenía nada que perder: en el fondo sabía que el vacío emocional al que que estaba sometido iba a terminar apagándome por completo. La vida no había sido generosa conmigo: siempre soñé con tener algún talento relacionado con la creación, la música, la literatura y el arte, pero era y me sentía en estos ámbitos completamente incapaz. Si algo me estaba esperando, algo grande, revelador, que cambiara los roles y me transformara en protagonista, iba a tener que generarlo yo.

sábado, 26 de septiembre de 2009

mulva


jueves, 24 de septiembre de 2009

planes que no cierran y terminan en capicúa

ayer fue un día borgiano (incluyendo las declaraciones de mi médica, ver post anterior) en su resolución circular.

había quedado con Chloe y Alan para desayunar en Starbucks, no se concretó. Todos arrancamos nuestro día de trabajo por separado.

Luego me encontré con Chloe (habíamos quedado en ir a un evento en un restaurant de medio oriente), pero pintó bajón y nos fuimos a comer a un chino de por ahí--estaba rico, pero ir a un chino que uno no conoce es como un salto al vacío...!

En el medio llamó Alan, perdido por la ciudad, y se unió a nuestra cena china. Está en uno de sus arranques anoréxicos y no iba a comer, pero terminó devorándose las sobras con cuchara.

Y como no podía ser de otro modo, de ahí nos fuimos a Starbucks a terminar el día.



Que buena combinación de espontaneidad, amigos y Starbucks.

es normal

La médica hoy me dio la buena noticia de que lo que estaba sintiendo "es normal", sobre todo porque hace poco estoy tomando los medicamentos y por ende no estoy tan "protegido".

El prospecto, entre otras cosas, dice:

Se sabe que existe una mayor frecuencia de depresión e ideación suicida en la población con (la enfermedad) y en asociación con el uso de (la droga). Se debe aconsejar a los pacientes tratados con (nombre comercial de la droga) que notifiquen inmediatamente a su médico cualquier síntoma de depresión y/o ideación suicida.

Volviendo a lo anterior, con más tiempo y a medida que el medicamento actúe, teóricamente voy a estar más protegido.

;)

miércoles, 23 de septiembre de 2009

lluvia

el día está ESPANTOSO-- y justo hoy fue el día que más tuve que recorrer la ciudad, empezando por una audiencia judicial que no fue, siguiendo con varias horas en la oficina (interrumpidas por un cigarrillo, si, soy un desastre), subtes, colectivos y caminatas incluidas.

Pero la lluvia me sienta bien, inspira. Y además se duerme como los dioses.

Hoy una improvisación de relato (hace mucho que no escribo, que esto sea punta de lanza)


A las 6 de la mañana las gotas se estrellaban contra los vidrios como puntas de lanza. El techo, ya de por sí desvencijado por sus varios cuartos de siglo, crujía como émulo de carcajada. Abajo estaría durmiendo (en el mejor de los casos) la señora Kirschbaum, sus 94 años se habrían posado torpemente sobre la cama o la mecedora. En mi cueva (los poetas lo llamarían ático) el calor y la humedad de las muchas estufas encendidas abajo me llevaron a un nivel de conciencia suficiente para apreciar lo pintoresco de la situación.

Lejos de concentrarme en las sábanas húmedas, la densidad del aire y el olor a gas, quedé hipnotizado por el sonido de la lluvia y los silbidos de las ráfagas de viento. No pude evitar sentirme feliz, éste era uno de esos momentos en los que los sentidos alcanzan tal estado de alerta, que da la sensación que las percepciones se aterrizan en forma de un millón de agujas.

Pero como todo momento de felicidad, su encanto se desvaneció gradualmente y dio lugar a preocupaciones más terrenales. Superadas las etapas de aseo, bajé a la cocina. Las escaleras (muchas y muy empinadas) me brindaron un monótono concierto. La cocina ofreció un segundo movimiento con sus múltiples goteras. Intentando respetar el equilibrio de la torre de vasos y tazas sucias (con restos de café con leche, sobres de azúcar usados y espuma de cerveza) lavé un tazón, lo llené de agua y lo metí en el microondas. En el camino hacia la alacena, atravesando el vestíbulo, me encontré con la señora Kirschbaum. Estaba sentada en su mecedora, estática, dormida. Tomé un paquete de blintzes y, en el camino de vuelta, di un empujón a su silla: ella permaneció inmóvil, y la silla a los pocos segundos también.

El piso estaba frío, y el ambiente desde ya no tan cálido como el dormitorio, pero nada supera el placer de desayunar descalzo, en una remera gastada y con agujeros, y con los calzones torcidos. Finalizado el desayuno, volví a subir por las mismas escaleras rascándome (para agregarle un poco de cine a la escena) descaradamente el culo con la mano izquierda.

Una vez afuera, envuelto en kilos de ropa y fundamentalmente en mi bufanda blanca de cashmere, caminé hacia la estación de Prenzlauer. El próximo tren llegaría en 7 minutos. Pero no aguanté. Sentí la sangre en ebullición y supe que la única forma de permanecer en mi cuerpo era caminar a la sala de ensayo. Iba a llegar tarde, y seguramente con la nariz goteando-- pero el impulso fue mucho más fuerte.





(continuará... o no)

martes, 22 de septiembre de 2009

alguna vez

soñe con ejercer la ingeniería civil o hacer un posgrado en arquitectura-- me pregunto si el hecho de que hubiese sido tan feliz no hizo que el universo lo registrara como sueño y por ende jamás se concretó.

Bueno, quién sabe.










lunes, 21 de septiembre de 2009

no entiendo por qué

me re caben las cantantes hechas mierda. Pero ojo, por diferentes razones.  Hay muchos ejemplos (a continuación un par)



Amy le pone mucha onda a pesar de vivir intoxicada, su voz esta muy bien, la música que hace me cae excelente.



Sobre Britney q puedo decir, el agitar su culo siempre me copó desde pendejo (vestida de colegiala), su música es basura pero un día se decidió a ser puta y una gran exponente white trash. Y que se yo... si no hubiese sido por esta fase altamente reivindicadora, me daría vergüenza aceptar que me cae bien.

sábado, 19 de septiembre de 2009

culos de bidet

Hoy hablabamos con Alan de lo complicado que es viajar a países sin bidet. A mi me resulta increíble que no exista en ciertos lugares del mundo.

Hace mucho tiempo una amiga del colegio le proponía a sus detractores que agarren un sorete con la mano y que intenten limpiarse con papel, haciendo un paralelo de como tienen el culo.

Igualmente Alan fue más lejos (como siempre exagerando y teatralizando con sus voces y gestos) contando anecdotas de garcos enormes que claramente no pueden ser finalizados con papel, en los que tuvo que usar la ducha como sustituto. Yo creí que era el único enfermo que lo había hecho en un par de oportunidades.

Y luego nos reimos porque de limpiarnos con papel necesitariamos usar Hipoglos, prueba de lo viejos que estamos.

Escatológico.

dejar de lado la paranoia

es realmente creer en lo que dice Kris (ver post anterior): to live is to feel oneself lost.

Cada mínima reacción de mi cuerpo, aún la que podría ser de lo más normal, me genera una cantidad importante de preguntas.

Por eso repito: to live is to feel oneself lost.

viernes, 18 de septiembre de 2009

perlas del repertorio nacional

en realidad yo no soy tan pro-musica nacional, pero últimamente estoy en una fase. Hoy accidentalmente escuché un fragmento de esta canción (o eso creo) y me trajo un buen recuerdo de las épocas en la casa de Valeria.

Un grande.



También me hace acordar a mi vieja tarareándola en casa.

Justo estaba hablando con Charlotte y se lo pasé, y los dos nos reímos un buen rato. Ella quiso publicarlo en su perfil de facebook a lo que me negué rotundamente. Es que todo su entorno social está dividido entre los que creen que estamos saliendo y los que creen que no por mi proceder histérico (y por ende mi exclusiva culpa). Todavía intento dilucidar el rol de ella en este retrato.

Y ahora el turno de otro que me hace acordar a mis épocas de facultad. Nuevamente me resulta increible la cantidad de gente que pasa y pasó por mi vida.



Leí en el blog de Kris (altamente recomendable) que vivir es sentirse perdido ("to live is to feel oneself lost") y realmente lo siento así. Que viva la vida.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

en mi viaje a Alemania

la conocí, en un pubcrawl que es como una de esas excursiones de los viejos que te levantan todos los días a la hora que ellos quieren y te llevan como si fueras un perrito, ok, eso, pero de bares en berlín para un montón de pendejos desaforados.

cuestión ella era una de las "guías", pero me flasheó, no sé si por el alcohol o por qué, ella me encantó, la vi y me olvidé de todas las demás. Insistí bastante, para ser sincero ni sé si le pude dar un beso (creo que sí) pero eso fue todo.

Pasa el tiempo y me doy cuenta que no puedo con la belleza, que quedo completamente indefenso, paralizado, idiota. Esa noche le propuse casamiento varias veces.

A todo esto la busqué (incluso luego de irme de Berlín) y nada, pero tenía su e-mail y eso permitió que nos contactaramos por msn y facebook a mi vuelta. Pasaron más de 2 años. Y nos reencontramos porque ella una vez hizo un comentario gracioso y yo respondí, etc. etc. etc.

En una de esas conversaciones nos mandamos a la mierda mal, creí que ahí se terminaba todo.

Y hoy volvimos a hablar, una conversación como cariñosa. Increiblemente en esta y la otra charla, primero yo y luego ella, compartimos "el" secreto. Me dieron ganas de abrazarla.

Ella va a estar en Nueva York en 3 semanas, va a tocar en el Radio City. Estuve ahí mismo hace más o menos 3 meses. Yo iba a ir pero más adelante, que hago, modifico los planes para encontrarme con ella?

Si tuviera esperanza de que algo copado está por pasar, sería muy ñoño?

Esto de pensar que las cosas se pueden dar así, tan de película, es culpa de las películas?

es esto

ni quiero decirlo por lo asquerosamente CURSI que suena, pero básicamente la vida es esto... ese fue el pensamiento y el que sigue es el recuerdo que hoy pesqué del eter. Ella y yo pasamos año nuevo en Luxemburgo.

La música es algo con lo que me reencontre hace poco y siento que acompaña.








lunes, 14 de septiembre de 2009

musica para el viaje

ya la conocía y me gustaba, pero la aprecié más cuando fui con Chloe a ver The Darjeeling Express... película grandiosa (sorry Alan, no te gustó porque NO LA ENTENDISTE! jaaaaaaaa!).



A mi me hace muy feliz.

domingo, 13 de septiembre de 2009

debe ser que me pediste un día una canción

Siguiendo el relato de ayer, habiéndome ido a dormir a las 6 de la mañana era obvio que hoy me iban a despertar con el teléfono. Y si, primero llamó mi viejo para decirme que ya me podía prestar el auto (se lo había pedido para ir a lo de una amiga más tarde en la loma del orto--más precisiones adelante), luego llamó la Prima para invitarme a comer a su casa (que rico), luego Charlotte me mandó un mensaje de texto, y luego volvió a llamar la Prima para avisarme que su mamá estaba por acá y que me estaba pasando a buscar. Todo esto sería unicamente folklore si no fuera porque me estaban interrumpiendo un sueño muy lindo! Va a ser difícil explicar sus implicancias. Estabamos Tuchi y yo (mi amiga que fui a visitar) en el restaurant del centro al que siempre vamos a comer cuando estamos en la oficina, ella estaba embarazada (tuvo su bebe hace mas o menos un mes y hoy los fui a visitar) y yo le abrazaba la panza y sonaba canción de cuna de Los Piojos de fondo.
La verdad es que era una situación muy enternecedora, porque yo a Tuchi la quiero un montón, de hecho ella fue una de las primeras que se enteró cuando me dieron la noticia... y vivimos su embarazo juntos en la oficina, yo no la había visto hasta hoy no-embarazada...
El tema es que empezaban a sonar los primeros acordes de la canción y luego como que se cambiaba accidentalmente la música, entonces yo agarraba el control remoto y quería volver a ponerla, y ahí se interrumpía todo porque me sonaba el teléfono de casa, o el celular, o me mandaban un mensaje... etc.

Así empezó el día y una vez de disfrutar el excelente asado que hizo el Tío, acompañé a la Prima a cargar nafta y la conversación que tuvimos mientras se llenaba el tanque se hiló loosely con su comentario "yo no sé si voy a tener hijos, y no quiero estar de novia". Luego aclaró que no quería solo porque sigue enamorada del casado. Dos horas más tarde (una y media de viaje), ya en lo de Tuchi y con su bebé, otro amigo me preguntó: 'Y vos, querés tener hijos?'. La respuesta fue fácil, el recorrido mental y emocional no.

Yo creo que es posible que no me case ni tenga hijos. Pero no sé si mi vida tendría sentido en ese caso.  Me la paso diciendo y convenciéndome que uno debe estar preparado para ser feliz cualquiera sean las circunstancias. Pero no estoy seguro de que se pueda.

Algo rescatable es que la canción de los piojos me acompañó todo el día.

5 de la mañana

, vengo de un casamiento que arranco 5 de la tarde, estoy molido pero la pasé muy bien. Voy a ser breve: a) no doy más, b) no traje el cargador de la pc a la cama y si se muere la batería el esfuerzo se va a la basura. No quería desaprovechar este momento-- tuve un par de "iluminaciones" en la fiesta que no quiero dejar pasar. Uno: hay gente que realmente quiero mucho de verdad y ellos no lo saben. Yo estoy para ellos en un 100%. En este caso se trata de dos amigos de la infancia, que vi hoy en la fiesta. Me tuve que esforzar para no abrazarlos con más fuerza para no quedar desubicado (nos vemos una vez por año como mucho y por eventos de amigos en común o del colegio). Esto no significa que los extrañe o que necesite incluirlos en mi vida de todos los días, pero cuando uno siente afecto la primer necesidad es brindarlo-- y es difícil si no los veo ni hablo casi nunca.

De todos modos me alegro porque están muy bien y quiero creer que en el fondo ellos saben que pueden contar conmigo (aunque seguramente si necesitasen algo acudirían a 1000 personas antes que a mí).

La segunda reflexión tiene que ver con la edad y se dio a continuación de una discusión que tuve con Noni el viernes pasado. Ella me contaba como era vivir con la madre cuando se separó, primero de su padre y luego de su novio. Se me vino a la cabeza la serie de Toni Colette cuando es Tee. Más que madre era roommate: inmadura, insegura, desvolada, etc. Hoy en el casamiento habían varias divorciadas que bailaban a la par de sus hijas 20 o 30 años menores, y hasta me pareció ver que les copiaban los pasos. Que terrible es esto. Nuestra sociedad lo condena, a mi también me causa cierto rechazo, pero no sé hasta que punto es inevitable. Es muy complicado de explicar y no se si yo realmente entiendo lo que quiero decir en toda su extensión. El tema es que me da un poco de tristeza pensar que uno no madura por el paso del tiempo, sino por las vivencias que le tocan. Y si a alguien le pasa algo típico de un chico de 10 años por primera vez a los 40 la reacción será igual.

A todo esto me salió una tercera reflexión y de acá voy a sacar la foto de hoy. Me doy cuenta que los nombres ficticios con los que estoy bautizando a mis amigos/as, si bien cumplen en camuflar su identidad, tienen una enorme semejanza con sus nombres o apodos reales. Debo mantener este blog secreto. Sino me va a pasar la de Harry.

sábado, 12 de septiembre de 2009

la verdad estaria bueno

aún corriendo el riesgo de emputecerme por completo, yo sé que es muy cinematográfico... y ok, las cosas en la vida real nunca son tan perfectas... no se me ocurriría hacerlo ni me quedaría tan bien, y seguramente la reacción de ella no sería tan copada... por supuesto faltarían la música de fondo e iluminación acorde...

Pero la verdad estaría bueno querer a alguien y dedicarle algo así.

viernes, 11 de septiembre de 2009

la paso muy mal

cuando me subo a un taxi y me doy cuenta que el tipo quiere entablar una conversación.

jueves, 10 de septiembre de 2009

about Argentina

I thought it was just about time I made my first post in English, pero la verdad es que el idioma tiene personalidad, y uno adquiere una determinada persona al invocarlo... con mi estado de ánimo creo que hoy no va a poder ser.

I have to admit that I am torn apart by my Argentine and American upbringing.  Pero estoy de acuerdo con Beatriz Sarlo: mi corazón, y más que mi corazón, ha sido cautivado por la brutalidad intensa de esta vida.

Hoy me enteré de la investigación sobre políticos, empresarios y sindicalistas involucrados en la adulteración de medicamentos para enfermedades crónicas y terminales.  Me comentaron de personas desesperadas, que nunca sabrán si sus seres queridos murieron por causa del destino, o por causa del destino y la locura de estos (u otros) personajes.

Yo soy uno de esos que tienen que llamar todos los meses a la obra social para que les manden los medicamentos.  Un mes de mi tratamiento roza los 5 mil dolares, lo cual lo hace extremadamente atractivo para estos malditos.  Prefiero confiar en que yo no soy uno de los damnificados, pero la verdad es que mi miedo es una prueba más de que la maldad y la locura, combinada con el desquicio de nuestro país, realmente no tienen límite.

En otro plano confieso que mi sensación con el país es de permanente hastío, leer los diarios me provoca un importante caudal de amargura.  Esto se tornó mucho peor a partir de que sus versiones de internet permiten a los lectores dejar sus comentarios y éstos en general son tristemente radicales.  Por ejemplo, hoy perdió Argentina en las eliminatorias para el mundial de fútbol, y los comentarios de los lectores van dirigidos a la manga de corruptos que nos gobiernan y generalmente incluyen a (los) Kirchner.  Peor todavía, si la noticia es de una mina en pelotas, la gente también se las ingenia para mencionar a "los Argentinos", o peor aún, a Kirchner, Fernández o Moyano.

Nos referimos a nuestra sociedad generalmente en un tono agresivo, self-deprecating... triste, fuera de lugar, miope, destructivo, de muy bajo vuelo moral e intelectual.

Sin embargo, creo que es suficiente leer dos o tres párrafos de Borges o Arlt para empezar a entender el claroscuro de mis sentimientos.  Hay algo en esta "desaforada llanura", algo que explica todo, que nos refleja como personas y nos enfrenta a nuestro costado más feroz....

Por eso voy a compartir este pasaje de "Historia del Guerrero y La Cautiva", a mí me genera un enorme placer, y me conecta con esta disyuntiva de una manera inexplicablemente intensa.  Como cuando uno siente que se aproxima a la verdad.

En la página 278 del libro La poesía (Bari, 1942), Croce, abreviando un texto latino del historiador Pablo el Diácono, narra la suerte y cita el epitafio de Droctulft; éstos me conmovieron singularmente, luego entendí por qué. Fue Droctulft un guerrero lombardo que en el asedio de Ravena abandonó a los suyos y murió defendiendo la ciudad que antes había atacado. Los raveneses le dieron sepultura en un templo y compusieron un epitafio en el que manifestaron su gratitud (“contespsit caros, dum nos amat ille, parentes”) y el peculiar contraste que se advertía entre la figura atroz de aquel bárbaro y su simplicidad y bondad:
Terribilis viste facies mente benignus,
Longaque robusto pectores barba fuit!

         Tal es la historia del destino de Droctulft, bárbaro que murió defendiendo a Roma, o tal es el fragmento de su historia que pudo rescatar Pablo el Diácono. Ni siquiera sé en qué tiempo ocurrió: si al promediar el siglo VI, cuando los longobardos desolaron las llanuras de Italia, o si en el VIII, antes de la rendición de Ravena. Imaginemos (éste no es un trabajo histórico) lo primero.
         Imaginemos, 
sub specie aeternitatis, a Droctulft, no al individuo Droctulft, que sin duda fue único e insondable (todos los individuos lo son), sino al tipo genérico que de él y de otros muchos como él ha hecho la tradición, que es obra del olvidó y de la memoria. A través de una oscura geografía de selvas y de ciénagas, las guerras lo trajeron a Italia, desde las márgenes del Danubio y del Elba, y tal vez no sabía que iba al Stir y tal vez no sabía que guerreaba contra el nombre romano. Quizá profesaba el arrianismo, que mantiene que la gloria del Hijo es reflejo de la gloria del Padre, pero más congruente es imaginarlo devoto de la Tierra, de Hertha, cuyo ídolo tapado iba de cabaña en cabaña en un carro tirado por vacas, o de los dioses de la guerra y del trueno, que eran torpes figuras de madera, envueltas en ropa tejida y recargadas de monedas y ajorcas. Venía de las selvas inextricables del jabalí y del uro; era blanco, animoso, inocente, cruel, leal a su capitán y a su tribu, no al universo. Las guerras lo traen a Ravena y ahí ve algo que no ha visto jamás, o que no ha visto con plenitud. Ve el día y los cipreses y el mármol. Ve un conjunto, que es múltiple sin desorden; ve una ciudad, un organismo hecho de estatuas, de templos, de jardines, de habitaciones, de gradas, de jarrones, de capiteles, de espacios regulares y abiertos. Ninguna de esas fábricas (lo sé) lo impresiona por bella; lo tocan como ahora nos tocaría una maquínaria compleja, cuyo fin ignoráramos, pero en cuyo diseño se adivinara una inteligencia inmortal. Quizá le basta ver un solo arco, con una incomprensible inscripción en eternas letras romanas. Bruscamente lo ciega y lo renueva esa revelación, la Ciudad. Sabe que en ella será un perro, o un niño, y que no empezará siquiera a entenderla, pero sabe también que ella vale más que sus dioses y que la fe jurada y que tódas las ciénagas de Alemania. Droctulft abandona a los suyos y pelea por Ravena. Muere, y en la sepultura graban palabras que él no hubiera entendido:
Contempsit caros, dum nos amat ille, parentes,
Hanc patriam reputans esse, Ravenna, sham.
          No fue un traidor (los traidores no suelen inspirar epitafios piadosos); fue un iluminado, un converso. Al cabo de unas cuantas generaciones, los longobardos que culparon al tránsfuga procedieron como él; se hicieron italianos; lombardos y acaso alguno de su sangre —Aldiger— pudo engendrar a quienes engendraron al Alighieri... Muchas conjeturas cabe aplicar al acto de Droctulft; la mía es la más económica; si no es verdadera como hecho, lo será como símbolo.
          Cuando leí en el libro de Croce la historia del guerrero, ésta me conmovió de manera insólita y tuve la impresión de recuperar, bajo forma diversa, algo que había sido mío. Fugazmente pensé en los jinetes mogoles que querían hacer de la China un infinito campo de pastoreo y luego envejecieron en las ciudades que habían anhelado destruir; no era ésta la memoria que yo buscaba. La encontré al fin; era un relato que le oí alguna vez a mi abuela inglesa, que ha muerto.
          En 1872 mi abuelo Borges era jefe de las fronteras Norte y Oeste de Buenos Aires y Sur de Santa Fe. La comandancia estaba en Junín; más allá, a cuatro o cinco leguas uno de otro, la cadena de los fortines; más allá, lo que se denominaba entonces la Pampa y también Tierra Adentro.
Alguna vez, entre maravillada y burlona, mi abuela comentó su destino de inglesa desterrada a ese fin del mundo; le dijeron que no era la única y le señalaron, meses después, una muchacha india que atravesaba lentamente la plaza. Vestía dos mantas coloradas e iba descalza; sus crenchas eran rubias. Un soldado le dijo que otra inglesa quería hablar con ella.
La mujer asintió; entró en la comandancia sin temor, pero no sin recelo. En la cobriza cara, pintarrajeada de colores feroces, los ojos eran de ese azul desganado que los ingleses llaman gris. El cuerpo era ligero, como de cierva; las manos, fuertes y huesudas. Venía del desierto, de Tierra Adentro y todo parecía quedarle chico: las puertas, las paredes, los muebles.
         
Quizá las dos mujeres por un instante se sintieron hermanas, estaban lejos de su isla querida y en un increíble país. Mi abuela enunció alguna pregunta; la otra le respondió con dificultad, buscando las palabras y repitiéndolas, como asombrada de un antiguo sabor. Haría quince años que no hablaba el idioma natal y no le era fácil recuperarlo. Dijo que era de Yorkshire, que sus padres emigraron a Buenos Aires, que los había perdido en un malón, que la habían llevado los indios y que ahora era mujer de un capitanejo, a quien ya había dado dos hijos y que era muy valiente. Eso lo fue diciendo en un inglés rústico, entreverado de araucano o de pampa, y detrás del relato se vislumbraba una vida feral: los toldos de cuero de caballo, las hogueras de estiércol, los festines de carne chamuscada o de vísceras crudas, las sigilosas marchas al alba; el asalto de los corrales, el alarido y el saqueo, la guerra, el caudaloso arreo de las haciendas por jinetes, desnudos, la poligamia, la hediondez y la magia. A esa barbarie se había rebajado una inglesa. Movida por la lástima y el escándalo, mi abuela la exhortó a no volver.  Juró ampararla, juró rescatar a sus hijos. La otra le contestó que era feliz y volvió, esa noche, al desierto. Francisco Borges moriría poco después, en la revolución del 74; quizá mi abuela, entonces, pudo percibir en la otra mujer, también arrebatada y transformada por este continente implacable, un espejo monstruoso de su destino...
         Todos los años, la india rubia solía llegar a las pulperías de Junín, o del Fuerte Lavalle, en procura de baratijas y “vicios”; no apareció, desde la conversación con mi abuela. Sin embargo, se vieron otra vez. Mi abuela había salido a cazar; en un rancho, cerca de los bañados, un hombre degollaba una oveja.
Como en un sueño, pasó la india a caballo. Se tiró al suelo y bebió la sangre caliente. No sé si lo hizo porque ya no podía obrar de otro modo, o como un desafío y un signo.
         Mil trescientos años y el mar median entre el destino de la cautiva y el destino de Droctulft. Los dos, ahora, son igualmente irrecuperables. La figura del bárbaro que abraza la causa de Ravena, la figura de la mujer europea que opta por el desierto, pueden parecer antagónicos. Sin embargo, a los dos los arrebató un ímpetu secreto, un ímpetu más hondo que la razón, y los dos acataron ese ímpetu que no hubieran sabido justificar. Acaso las historias que he referido son una sola historia. El anverso y el reverso de esta moneda son, para Dios, iguales.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

arte callejero

hace dos años no tengo auto y descubrí un mundo nuevo.
Me quedo mirando las cosas más estúpidas, desde la puerta de un lugar por el que pasé mil veces hasta los stencils reaccionarios (tipo blood 4 oil) o burlones (hello kirchner, goma eva, etc.)
No tengo fotos de los mencionados, pero encontré esta que me parece genial.


buenisimo.

martes, 8 de septiembre de 2009

call me from jamaica...



This here is the place I will be staying
There isn't a number. you can call the pay phone
Let it ring a long, long, long, long time
If I dont pick up, hang up, call back, let it ring some more
If I dont pick up, pick up,
The sidewinder sleeps, sleeps, sleeps in a coil

(chorus)
Call me when you try to wake her up
(call me when you try to wake her)
Call me when you try to wake her up
(call me when you try to wake her)
Call me when you try to wake her up
(call me when you try to wake her)

There are scratches all around the coin slot
Like a heartbeat, baby, trying to wake up,
But this machine can only swallow money
You cant lay a patch by computer design
Its just a lot of stupid, stupid signs

Tell her,
Tell her she can kiss my ass,
Then laugh and say that you were only kidding
That way she'll know that its really, really, really, really me, me

(repeat chorus)

Baby, instant soup doesnt really grab me
Today I need something more sub-sub-sub-substantial
A can of beans or blackeyed peas, some nescafe and ice,
A candy bar, a falling star, or a reading of doctor seuss

(repeat chorus)

The cat in the hat came back, wrecked a lot of havoc on the way,
Always had a smile and a reason to pretend
But their world has flat backgrounds
And little need to sleep but to dream
The sidewinder sleeps on his back

Call me when you try to wake her up
(call me when you try to wake her)
Call me when you try to wake her up
(call me when you try to wake her)
I can always sleep standing up
(call me when you try to wake her)

Call me when you try to wake her up
(call me when you try to wake her)
Call me when you try to wake her up
(call me when you try to wake her)
I can always sleep standing up
(call me when you try to wake her)

Call me when you try to wake her up
(call me when you try to wake her)
I can always sleep standing up
(call me when you try to wake her)
I can always sleep standing up
(call me when you try to wake her)

We've got to moogie, moogie, move on this one..


El acento italiano de Brad Pitt

creo que fue la principal fuente de inspiración para el posteo de hoy.


Antes de ir a ver la película de Quentin (una vez más en el cine Premium del Dot, pero esta vez además de Charlotte vinieron su hermana Flora y el Abogado) realmente no sabía si hoy iba a escribir. De la película a lo que voy a contar no hay ninguna relación directa, pero no voy a a explicarme para no abusar del recurso (llegar a un tema a través de una sucesión bizarra de asociaciones).

Es muy larga la historia con mi amigo (?) Corruptus. Nunca me imaginé como iba a terminar la primera vez (supimos ser muy buenos amigos), mucho menos esperaba su comeback, y mil veces menos el desenlace de la historia. Intento concentrarme en lo más relevante: Corruptus se dio el lujo de cagarme (a mi y a mis afectos) en todas las formas posibles. Triste, porque no es que el flaco se benefició en algo-- y la verdad es que el pibe es realmente un infeliz, raya con la demencia... nunca más explícito que todas las cagadas que se manda es porque su vida es un cortocircuito total... pero no un cortocircuito en Chivilcoy... un cortocircuito en Times Square, en Disney World, en el hotel 20 estrellas del Dubai, en el centro Hong Kong...! Bah, me da pena, de verdad, en el fondo creo que lo aprecio, pero hasta que no nos caguemos a trompadas (al punto que nos queden a ambos cicatrices permanentes o alguno termine con un ojo de vidrio) no creo que podamos retomar el diálogo.

Prosigo. La última que se mandó Corruptus es escaparse a España de la mano de Valeria, luego de cortar relaciones conmigo y mis amigos y armar un juego psicópata muuuuuy jodido (que incluyó enroscar a muchos con su mitomanía, cojerse, o capaz casi cojerse, al mejor amigo--masculino--de Valeria).

En mi perfil se lee "una explicación confusa" y parte de lo que estoy haciendo tiene que ver con eso. No sé cuál es la mujer. Y a veces sospecho que pueda ser Valeria.

Realmente se podria hacer una película con las mujeres de mi vida. Son tantas. Pero en todos los casos las historias son anticonvencionales. No habría un "dos mujeres un camino" sino más bien "cuatro mujeres y ningún camino", tampoco un café con aroma de mujer, el mio olería a concha jajaja.... A todo esto Valeria es la rea, la malhablada, la de jeans Levi's pero bien guarra... Valeria tenía un tongue-ring (o tiene), tatuajes, etc. Pegamos muy buena onda ni bien nos presentó Chloe. A mi como q me calentaba un poco, de hecho transamos un par de veces, nunca llegamos a cojer (yo creo por mi comemoquez y porque ella tampoco estaba muy interesada). Pero luego la amistad q tuvimos un diez, yo iba a la casa (ella vivía con dos amigos, también mis amigos) casi todos los días. Tomabamos mate, fumabamos como locos, jugabamos al TEG, escuchabamos desde Cerati a Valeria Lynch. Valeria decía "que bajón si tu vieja es Valeria Lynch, te imaginás sus gritos?!".

Nos fuimos de vacaciones, etc. etc. etc... ufffff tanta historia, no mucho tiempo, pero bastante intensa.

Cuando entró Corruptus a la escena (reingresando a su vez a mi vida) le advertí sobre los límites con ella. No necesariamente porque estuviera enamorado, sino porque una parte de mi quería probar su fidelidad. Dicho y hecho. Él se propuso violarlos de entrada. Fue todo muuuuuuuy retorcido, el resultado es que un día Valeria no quiso hablarme más, me lo dijo así sin muchas vueltas. Él estaba atrás de todo, con pánico que la comunicación entre las partes arruine el entramado de mentiras que le fue inevitable armar.

A todo esto les cuento que yo hace un mes casi dejé de fumar y acabo prenderme un cigarrillo, espero sea el último (o uno de los últimos). Pienso tirarlo por el aire y luz para que no queden vestigios de mi pecado.

Retomando, Valeria y Corruptus se fueron a España, quién sabe que clase de relación enferma tendrán, pero yo a Valeria la quiero y mucho, últimamente me acuerdo mucho de ella. Será ella?

Continúo con mis confesiones a la nada (mas bien casi nada, porque por lo visto entraron personas al blog de Rumania, Australia y Estados Unidos, pero el trackeador dice que permanecieron cero segundos--o no entendieron un carajo y siguieron de largo o yo no logro entender la información que me brinda). Valeria es un exponente más de mi imposibilidad de conducir las relaciones con el sexo opuesto hacia el terreno que yo quiero. Más me aterra pensar que en efecto las conduzco hacia donde quiero, pero ese lugar no es el que yo creo que quiero sino el que mi subconsciente determina, generandome un caudal no despreciable de frustración.

Valeria desapareció de mi vida, no totalmente porque los amigos que tenemos en común de vez en cuando me chusmean algo. Yo todavía tengo cierto orgullo e intento no demostrar demasiado interés en sus whereabouts. La verdad es que un poco me duele que ella haya aceptado borrarme así de su vida. Que no le haya interesado saber más nada de mí, que me haya desterrado sin mayor daño emocional. Hay algo en común con mi situación con Ella. Yo les ofrecí un lugar casi protagónico en mi vida, ellas aceptaron de inmediato--y no les tembló el pulso ni un instante al hacer su retirada.

Finalmente mi reflexión pasa por ahí, soy consciente de que si la vida de uno es como una película, indudablemente el único protagonista es uno y habrán personajes que harán su aparición y luego emprenderán su retirada. Esto es cierto pero no deja de ser particularmente triste. La nostalgia de quienes a uno lo abandonan se mezcla con la esperanza que precedan a una versión mejor de sí mismos, o que en algún momento vuelvan a escena y jueguen un papel más feliz.

En que medida las personas que más recientemente ingresan en mi vida pueden o podrán ocupar los lugares que abandonaron sus antecesores? Habrá una versión superadora de Ella y Valeria, o Corruptus, entre tantos otros personajes?

domingo, 6 de septiembre de 2009

la salsa golf

me parece un invento absolutamente espantoso, por empezar su textura y color, QUE ASCO!
me gustaría incluso saber quien inventó ese nombre... será un invento argentino?

La reflexión nace en que hoy por la mañana mi viejo me dijo que ayer anoche fue a comer con sus primos, y el menú fue vitel thonne, palmitos con salsa golf... básicamente, comida asquerosa y de viejo!

Hay platos que claramente tuvieron sus 15 minutos, pero que hoy sólo hacen recordar al buffet de un restaurant con mugre en sus rincones más inaccesibles y olor a madera húmeda, ofreciendo en año nuevo las sobras del menú fijo de navidad. Con sillas de caño. Una mesa con mantel amarillo, bandejas de metal medio deformadas, cuyo contenido en general abunda en mayonesa, arvejas, morrones de lata....

Como será cuando seamos viejos?  Ponele el sushi...  Aclaro que a mí no me gusta (me da asco), pero me pregunto,  pasará a formar parte del menú de restaurantes viejos, con mozos con pinta de sucios?  Los chicos nos pondrán cara de culo cuando se sirva eso en alguna cena a la que los arrastremos?

Arranqué con una imagen muy asquerosa, pero finalmente pensé en chicos poniendo cara de asco y me salió una sonrisa, voy a buscar una foto acorde y todos contentos.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Hoy a la mañana

salí de mi casa temprano (casi madrugada para un sábado) y me sentí nuevamente en la Universidad de Columbia.  Hacía frío y estaba desabrigado.  El día era gris.


La anécdota pasa por acá: mi vieja me torturó toda mi infancia con el pullover, el blazer y la campera.  La única palabra posible es tortura.  La edad eliminó la obligación de obedecerla, pero sus declaraciones no perdieron jamás su capacidad irritante.

Así que yo salía todas las mañanas de John Jay, pasaba por Hartley... atravesaba todo el campus (mi edificio estaba en una punta y yo iba a su opuesta) y me sentía enormemente libre.  Por miles de razones, no era fácil ni tampoco me interesaba analizarlas.  Hoy me di cuenta que una de ellas era la libertad de salir en remera con 10 o 40 grados (50 or 105).

Es muchísimo lo que tengo para decir, en esa universidad fui extremadamente feliz.  Hice muchos amigos, uno de ellos me acompaña al día de hoy.  Otro de ellos se suicidó y su fantasma me visita de vez en cuando... me aterra pensar que pueda haber un secreto entre él y yo y Pupin Hall.  Tuve intereses amorosos fugaces y quizás la primera de un patrón de relaciones de histeriqueo. Descubrí la TI82 y todas sus variantes (miento, ya la había traído Lindsay una vez al colegio pero no le había prestado mucha atención, y tampoco tenía juegos como el Drugwar!). Disfruté y afirmé el vínculo con familia de allá... es realmente infinito.  Mucha alegría junta y un cambio de vida.

Un amigo me dijo una vez que el valor más importante en el ser humano es la libertad.  Me honró diciéndome que me consideraba una persona libre.

Y estoy de acuerdo con él.  Hay pocas cosas que a uno lo hacen sentir más feliz y verdaderamente humano que la libertad.

i have to be leaving...

but I won't let that come between us.
okay?


Voy a intentar hacer el post breve, porque además tengo mucho sueño...
Pensaba en que los viajes realmente acentúan las sensaciones en mi... recordé mis viajes de chico a la familia en estados unidos, recordé mis viajes a europa de descontrol con amigos que sorprendentemente se quedaron en mi vida (muchísimo más de lo que yo esperaba)... y pensé en los más recientes, en los que se repitieron casi todas las semanas por trabajo, en hoteles muy lujosos pero en casi absoluta soledad.  El destino se alineó con el razonamiento cuando encontré Lost in Translation en la tele.  Esto ocurrió como 20 segundos después.
Qué puedo decir sobre la película, es tan sutil en todo aspecto que realmente no corresponde hablar demasiado.  Scarlett resume todo en su belleza, Bill Murray es puro sentimiento, y claro, de fondo está Tokio generando una atmósfera penetrante, casi de asfixia.
En estos viajes uno puede pasar horas intentando accionar la ducha, putea porque no hay (o en el pais no existe) bidet, la televisión es espantosa... el silencio inunda las tardes y noches, cuando su sonido se torna insoportable es cuando uno baja, esperando encontrarse en el ascensor con alguna situación que le cambie la vida... Tomando una cerveza o un trago en las barras de los bares, o en el lobby de un hotel, uno mira en todas las direcciones para encontrar una mirada cómplice, o al menos tan perdida como la propia.   Suena el teléfono y los llamados se corresponden con horarios, costumbres, acentos, idiomas y problemáticas que uno temporariamente abandonó, y que inconscientemente quiere dejar atrás aunque sea por un ratito... Los compromisos de trabajo suelen ser ineludibles, ya sea por razones políticas o porque realmente no hay mucho más que hacer que eso.
Dado que en general los hoteles se divorciaron del tabaco hace años, fumar un cigarrillo es toda una operación.  Demanda bajar y salir del edificio (cuando no vestirse si uno no está en condiciones). Yo en una época fumaba y pasaba por toda esta odisea en cada impulso. Bajaba solo, miraba a mi alrededor, las personas, el aire, el cielo, los árboles, los autos, el aire nuevamente... todo diferente, y yo desesperado por entender el mensaje, porque todo esto tenía que tener algún significado... la necesidad de una revelación, algo que me indicara que era todo más que eso... Tanta expectativa, más la frustración de enfrentarse una vez más a la NADA... invertía tiempo y esfuerzo para bajar a fumar, pero me terminaba el cigarrillo casi con desesperación, sin mucha posibilidad de disfrutarlo.  Esta situación se repetía una y otra vez...


Vuelvo sobre el concepto (no sé si lo toqué en algún momento pero tengo la impresión que al menos implícitamente sí) de que la melancolía no es necesariamente mala y que sentir es una bendición... me humaniza y me hace feliz recordar situaciones, especialmente sus claroscuros... 
Enjoy.









jueves, 3 de septiembre de 2009

about nothing

Tengo el mandato de "hablar" con ella. Lo peor es que no sé quien es "ella".
En teoría todo lo que me está pasando lo genera mi mente, y es por una gran decepción afectiva en mi vida. Es lamentable pero sólo puedo pensar en una gran decepción afectiva en mi vida, pero que a la vez me neutralizó en sentimientos tanto que realmente ya no siento sus vestigios. Ni de esa ni de ninguna posterior, si es que la hubo (y creo que no hubo).
Por lo que finalmente digo que mi una sospecha es que se trate de Ella.
No sé qué decir sobre ella.
Yo en realidad, lo digo con absoluta sinceridad, ya no tengo ningún sentimiento por ella. De nada! O sea ni siquiera se puede decir que la quiero.
Así que voy a ver si me puedo aproximar lentamente a mis sentimientos pasados, tal vez a partir de ellos pueda reconstruir la cronología emocional.
Voy a recordar esa noche en la que nos juntamos en una estación de servicio Esso. Hacía un tiempo que no nos estabamos viendo tan seguido como de costumbre. Ella había conocido a alguien. Y hacia días que me contaba que estaba muy contenta, y que incluso la forma que se habían conocido era un émulo de como se habían conocido los padres. Estaba contenta de tener una relación. Entonces yo le dije que a mi no me daba lo mismo que estuviera sola o estuviera con alguien. Que lo que nosotros teníamos no cabía dentro de los parámetros de relación, pero que para mi cubría un lugar emocional importante. Porque en mi ingenuidad yo pensaba que no había otra posibilidad en este mundo para ambos que una vida juntos.
Es que si yo pude ser capaz de amarla al punto de poder dejar absolutamente todo, me resultaba imposible que eso pudiera desvanecerse algún día-- o peor aún, que no sintiera lo mismo.
Es lamentable, pero siento que en algún punto esto se parece a una telenovela berreta.
Y acabo de darme cuenta de la cantidad de veces que uso la palabra "parecer". Es terrible, yo basé tantas cosas en eso, en lo que a mí me "parecía"...
A todo esto Ella siempre supo lo que yo sentía (tuvo la decencia de aceptarlo en la Esso) pero yo creo que en su vacío emocional necesitaba de alguien que la cuidara como objeto de su afecto.
Una vez incluso discutimos acerca de nuestra soltería y llegamos a la conclusión de que la relación que teníamos seguramente tenía algo que ver. Porque en mucho se le parecía. Es un poco como lo que me está pasando a mí-- mi cuerpo está atacando algo que parece, pero no es.
Yo siempre supe que no era, pero que dolor aceptarlo! Cuanto tiempo perdido! Sólo podía aceptar que yo no era suficiente, o no había logrado lo que quería (a pesar de la infinidad de posibilidades) a la fuerza.
Así que Ella me dijo que si a mí me hacía mal deberíamos dejar de vernos, que a Ella le iba a doler pero estaba dispuesta a hacer el sacrificio si era por mi bien. Yo nunca lo vi de ese modo, mi orgullo seguía en pie y pensé que no iba a durar ni un día sin llamarme. En un punto pensé que este era el desenlace perfecto para una historia tan barroca: iba a ser Ella la que iba a aceptar que nosotros teníamos algo demasiado fuerte como para que se rompa de un día para el otro.
Lo que no imaginé es que una vez cubiertas sus necesidades afectivas de otro modo (mejor) yo ya no tenía lugar en su vida.


La realidad se impuso como siempre.

Así que Ella desapareció, y poco tiempo después me enteré que se mudó con su novio, y luego se casó y me invitó al casamiento. En el casamiento me emborraché bastante. Irónicamente a ella le faltó una persona en mi mesa e invitó a la Prima en su lugar.

Lo pienso y me doy cuenta que realmente fui muy fuerte porque de verdad es como pasar por un paredón y que cada ladrillo te grite cuán fuerte es tu caída, tu fracaso.

Mucho no me importaba, al día siguiente me fui a Europa. Y la pasé espectacularmente bien. Se ve que mi inconsciente lo bloqueó porque Charlotte me contó que cuando nos conocimos yo le hice una breve reseña de mi historia con Ella y yo seguía fijado con la idea que algún día terminaríamos juntos. Yo no lo recuerdo.

Sigo pensando en cuál será la relación con el tema de atacar a lo que parece y no es.

Así que esa noche en la Esso nos fuimos cada uno por su lado, medio atontados por el golpe en la cabeza que significaba no agarrar el teléfono al día siguiente y llamarnos por cualquier boludez.

Cómo es posible que los recuerdos se devalúen de este modo? Como puede ser que todo lo que hicimos juntos, las escapadas a la playa con cigarrillos Kool, la complicidad para escaparnos de una reunión, los mensajes que nos sacaban de clase para escaparnos al cine, los kilos de pochoclo, los tragos en la calle (perro incluido)... será que no valen nada con semejante desenlace? Si fueron tan buenos en sí, será posible que se tiñan de nada cuando se sabe que formaron parte de una ilusión? de una ilusión que tal vez haya sido una enferma manifestación de ciertas incapacidades?

Y así fue, ella se casó, en apariencia su vida es feliz, yo siento que ella cambió y realmente no puedo ver mucho de lo que en su momento me deslumbraba. Cuando nos vemos sin duda siento afecto, pero como el que uno siente cuando ve un juguete de la infancia, un camión con las calcomanías desgastadas... me resulta increíble pensar todo lo que yo sentía por Ella. Primero porque perdió su encanto, es como que se rompió un hechizo (no se si un hechizo que la hizo a ella deslumbrante o uno que me hizo verla así, como Ella)-- y después porque yo creo que nunca más voy a sentir algo así (será entonces que el embrujo era mas bien el segundo?)

Quiero que alguien me ayude a entender por qué pasan los años y yo sigo solo, citando a Jerry, porque siempre tiene el mismo vestido, porque tiene manos de hombre, porque no recuerdo su nombre, porque está casada (y se separa y luego vuelve), porque se pasea en bolas durante el día, porque prefiero hacer una voz antes que seguir con ella, porque es amiga de un cocinero sucio... que se yo, vuelvo a preguntarme, por qué son tan buenas las razones que explican mi soltería?

miércoles, 2 de septiembre de 2009

cosas que gustan


Pensé en el blog cuando vi esta imagen, y no pude evitar reirme ante el contraste: yo pienso en él bastante, las cosas que en él vuelco me siguen dando vueltas en la cabeza... pero él sigue ahí, virginal, visitado únicamente por mi.  Confieso que me gusta:  para mi este grado de intimidad es algo absolutamente nuevo.  Yo nunca tuve nada oculto en mi vida.  Soy demasiado transparente por naturaleza y conveniencia.
Mi idea hoy es buscar en mi pc e internet cosas que me gustan, con el sólo objeto de pasar un rato endorfínico.
Para los que ingresen algún día (y de ese grupo, los que se identifiquen con mis gustos), reclínense y disfruten como lo haré yo.