martes, 29 de septiembre de 2009

el fin de semana

tuve un casamiento (buenísimo) y luego pasé el día con La Prima, creí que las ganas de escribir se iban apagando (30 posts y poca repercusión--por suerte) pero no. La inspiración revivió con más fuerza. Por eso creo que es hora que les presente a otro de mis personajes reales. Es el turno de Paula.



Paula trabaja conmigo. Hasta hace no mucho eramos compañeros de trabajo, pero a mi me ascendieron y a ella le dieron mi puesto. En ese momento ella estaba con su novio (triste intento de) y lejos de ser un obstáculo esto era un enorme aliciente para su actitud histérica. Paula se hacía la sensual y pobrecita con todos los hombres. Es linda, sin duda, ella en algún momento fue conciente de ello y empezó a aprovecharlo a todo vapor. Cambió su guardarropas (de linda pasó a infernal), su actitud (de tímida y retraída pasó a tímida e insinuante) y paseó por el escritorio de cada hombre soltero y desesperado (lamentablemente formo parte de este grupo). Yo le tiré mil centros, pero no tengo mucha paciencia para estas cosas: cabe aclarar que luego de mi experiencia con Ella quedé marcado a fuego. Es por esto que nunca llegué demasiado lejos: Paula te deja poner primera pero apaga el motor ni bien amagás a hacer el cambio.

Un día ocurrió: se peleó con su novio, con quien compartía departamento e inversiones. Valiente de su parte. Entonces yo arranqué el auto en segunda: la invité a salir con claras intenciones. En las tres salidas que tuvimos la pasé muy bien, y sentí que ella se abría a un nivel interesante. Pero todas terminaron igual, cuando le quise dar un beso ella se negó. En la última, que fue cuando más insistente me puse, nos separamos en términos difusos. Yo la dejé en la puerta de su departamento de alquiler temporario rumbo a la parada del 60 sin un chau. Las cosas parecían quebradas (anche rotas) y decidí no insistir más.

Luego de un mes y medio de viaje por trabajo, me ilusioné pensando en el cerrar de heridas, y la volví a invitar a salir. Ella me ganó de mano diciendo que estaba dispuesta a tener una salida de amigos siempre que no la obligue a pasar por los desenlaces desagradables de las instancias anteriores. Entonces me negué: yo ya le había dicho que me encantaba y que no estaba dispuesto a bajar los brazos. Mi coherencia y credibilidad son valores que no pienso defraudar ante situaciones relativamente insignificantes.

Luego vino el tema de mi enfermedad y mi sensibilidad creció a costas de mi orgullo. Retomé el contacto, pero a un nivel mucho más inocente. No sé por qué, tal vez para llenar un vacío e ilusionarme de que, a falta de una relación amorosa, al menos tenía un interés amoroso. Y si, ella me encanta, su pasión por la fotografía y el cine son claramente items que suman... pero si no va, no va.

En el casamiento nos vimos, ella como siempre estaba hermosa y sola. Volví al ruedo, otra vez sin éxito.

Se terminó. Yo no creo estar en una situación en la que pueda soportar el rechazo, y mucho menos en situaciones generadas por mí. A veces pienso que hubiese sido mejor que ella me siguiera el juego y se prestara a un histeriqueo de los que estoy bien acostumbrado. Pero lo pienso una vez más y es totalmente evidente que no. Es hora de encontrar algo real, inspirador, superador.

En el marco de estas definiciones decidí enfriar mi amistad con Charlotte. Yo tengo totalmente claro que ella es mi amiga y eso es todo lo que somos. Pero no puedo seguir ignorando el lugar que ella me ofrece en repetidas oportunidades. Para ser franco, no quiero que nadie tenga derecho a sospechar (aún no siendo mi culpa) de que estoy pasando un mensaje que luego no se condice con mis acciones. Me estresa pensar que soy parte importante de su vida social y que esto puede generar una situación de abandono parcial-- pero uno no debe ser condescendiente con sus afectos y creo firmemente que ella sabrá llenar el vacío con otras personas u ocupaciones. Tal vez hasta se sienta más motivada para buscar una pareja. Es un poco vergonzante decir estas cosas porque suponen cierto enaltecimiento... pero tener un blog con identidad secreta--que practicamente NADIE lee--le da a uno estos beneficios. Yo sospecho que Charlotte está dandole en muchos aspectos a nuestra relación el lugar de una verdadera relación. A mí no me sirve y mucho menos a ella.

Hoy no me pregunto por qué hay tantas y tan buenas razones que explican mi soledad. Hoy me enojo ante ellas, y quiero transitar el camino de refutarlas.

Pero no me ilusiono. No es la primera vez.

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