, vengo de un casamiento que arranco 5 de la tarde, estoy molido pero la pasé muy bien. Voy a ser breve: a) no doy más, b) no traje el cargador de la pc a la cama y si se muere la batería el esfuerzo se va a la basura. No quería desaprovechar este momento-- tuve un par de "iluminaciones" en la fiesta que no quiero dejar pasar. Uno: hay gente que realmente quiero mucho de verdad y ellos no lo saben. Yo estoy para ellos en un 100%. En este caso se trata de dos amigos de la infancia, que vi hoy en la fiesta. Me tuve que esforzar para no abrazarlos con más fuerza para no quedar desubicado (nos vemos una vez por año como mucho y por eventos de amigos en común o del colegio). Esto no significa que los extrañe o que necesite incluirlos en mi vida de todos los días, pero cuando uno siente afecto la primer necesidad es brindarlo-- y es difícil si no los veo ni hablo casi nunca.
De todos modos me alegro porque están muy bien y quiero creer que en el fondo ellos saben que pueden contar conmigo (aunque seguramente si necesitasen algo acudirían a 1000 personas antes que a mí).
La segunda reflexión tiene que ver con la edad y se dio a continuación de una discusión que tuve con Noni el viernes pasado. Ella me contaba como era vivir con la madre cuando se separó, primero de su padre y luego de su novio. Se me vino a la cabeza la serie de Toni Colette cuando es Tee. Más que madre era roommate: inmadura, insegura, desvolada, etc. Hoy en el casamiento habían varias divorciadas que bailaban a la par de sus hijas 20 o 30 años menores, y hasta me pareció ver que les copiaban los pasos. Que terrible es esto. Nuestra sociedad lo condena, a mi también me causa cierto rechazo, pero no sé hasta que punto es inevitable. Es muy complicado de explicar y no se si yo realmente entiendo lo que quiero decir en toda su extensión. El tema es que me da un poco de tristeza pensar que uno no madura por el paso del tiempo, sino por las vivencias que le tocan. Y si a alguien le pasa algo típico de un chico de 10 años por primera vez a los 40 la reacción será igual.
A todo esto me salió una tercera reflexión y de acá voy a sacar la foto de hoy. Me doy cuenta que los nombres ficticios con los que estoy bautizando a mis amigos/as, si bien cumplen en camuflar su identidad, tienen una enorme semejanza con sus nombres o apodos reales. Debo mantener este blog secreto. Sino me va a pasar la de Harry.
domingo, 13 de septiembre de 2009
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