hace mucho que no escribo.
Debe ser porque volvi a sentirme mal, en realidad creo que debo haber sentido que ya no era hora de vomitar, ni de compartir, sino de mirar hacia adentro... porque esto al fin y al cabo es una vidriera, un acto de voyeurismo. Chloe me preguntó por "mi blog secreto"-- y en justa razón disparó que lo privado contradice al concepto de blog. Tiene razón. Es que debe ser que es tal mi voluntad de encontrar nuevos horizontes... esto es como tirar descuidadamente un manojo de semillas sobre la tierra y preguntarse si por alguna inexplicable razón crecerá algo.
Últimamente desapareció el entusiasmo. Me aburre mi trabajo, la falta de liderazgo me está afectando porque siento que en una semana me bastó con prender la computadora 2 veces y no decepcioné a nadie. No creo que esté deprimido, simplemente es el tedio y aburrimiento propios de fin de año (que año...) y la falta de proyectos de envergadura, el aplacamiento de la ambición (sin duda estresa, pero que gran motor para despertarse por las mañanas!). Una suma de cosas. De muchas cosas.
Este fue un año para el olvido, en algún flash de optimismo puedo creer que puede actuar de bisagra. Pero tampoco quiero sobredimensionarlo. El concierto usual de mi vida (tranquilidad, amistades, afecto y fracasos afectivos) se mantuvo, sólo que intervinieron nuevos instrumentos. Tengo la sensación de que hay cosas evolucionando, pero otra gran cantidad de cosas se está consumiendo, la tierra las está descomponiendo, se están poniendo rancias.
Y claro, la paciencia cada vez más efímera... se siente tan bien ejercerla, pero requiere un cúmulo de voluntad enorme.
Si bien los eventos de los últimos meses justifican mi visión negativa, debo admitir que la vida en este año se reinventó y tomó el derecho de sorprenderme, en un punto me dotó de perspectiva-- somos eternamente ignorantes. Todo puede pasar. Es un axioma. Lo interesante es que uno realmente no dimensiona lo que implica "todo". Aún pudiendo observar las infinitas caras del "todo", si uno es capaz de ver una significativa cantidad, ante las más horrendas, la falta de dimensión corresponderá al "puede pasar".
No tengo ganas en esta oportunidad de contar anécdotas, ni situaciones particulares que se corresponderían con el registro de mis publicaciones anteriores (las hay). Si uno las ve de lejos es más de lo mismo. Tal vez la esencia de la vida esté entonces en no mirar las cosas de lejos, en acercarse, sentirlas... que el árbol tape al bosque. Nuevamente el tema es de perspectiva y me voy a contradecir-- qué es más humano? vivir en una microrealidad, entendiendo (aún con evidente miopía) lo que sucede alrededor, u observar en forma omnisciente la infinidad de situaciones e interrelaciones? Observar el bosque es sin duda más elevado, pero puede presentar una escena relativamente inmutable y perpetua. Y enfrentémoslo, los hombres no tenemos la envergadura para intervenir a ese nivel. El árbol podrá ser una versión parcial, incompleta--hasta animal--de la realidad, pero está a nuestro nivel. Podrán pasar cientos de cosas a ese nivel, y son las que en definitiva marcarán nuestra "estúpida pequeña vida"... cosas que con mayor perspectiva serán insignificantes y en definitiva nos enfrentarán a la nada.
Pff, eso fue difícil. Es que lo que pienso es complejo, y claramente no cuento con los recursos literarios necesarios.
Mirar al océano desde un cabo remoto, esa es la imagen, observar, un mar de posibilidades, infinitas, porque es todo, la enormidad. Las sorpresas, las emociones, las sensaciones por venir.
domingo, 22 de noviembre de 2009
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